El gobierno de Evo Morales y Arce Catacora se ha caracterizado por una marcada apropiación de los símbolos aymaras, incorporándolos en sus atuendos como si vestir con estos elementos pudiera conferir una conexión directa con la identidad indígena o la causa indígena en sí. A pesar de esta representación visual, cabe señalar que estas figuras políticas no hablan un idioma originario, ni practican las costumbres de los pueblos originarios, dando lugar a lo que algunos consideran una apropiación superficial y una adopción selectiva de la cultura indígena.
Entre las autoridades masistas que han adoptado esta moda simbólica se encuentran Evo, Arce, Linera, Catacora, Quintana, Choquehuanca, entre otros. A pesar de lucir camisas con bordados que exhiben símbolos aymaras, ninguno de ellos tiene raíces indígenas. María Nela Prada no es la excepción, destacando por su participación activa en esta práctica, llevándola a extremos notables.

Este fenómeno no solo plantea interrogantes sobre la autenticidad y la verdadera conexión con la cultura indígena, sino que también ha generado cierto escepticismo y, en algunos casos, burla. La adopción de una estética que aparentemente busca representar la identidad indígena sin un respaldo cultural genuino ha sido percibida como una manifestación de superficialidad y hasta como una especie de moda "posera", generando reacciones de incredulidad y, en ocasiones, de humor.
Símbolos como propaganda
El empleo de símbolos aimaras como herramienta propagandística en Bolivia refleja una visión parcial de la rica diversidad cultural del país. Aunque el aimara constituye una parte importante de la identidad boliviana, su destacada presencia en el gobierno sugiere cierta inclinación hacia la exaltación de una única cultura, transmitiendo inadvertidamente un mensaje de superioridad cultural.



María Nela Prada, al mostrarse tan interesada en simbologías culturales, podría considerar la opción de vestir atuendos representativos de las 36 naciones o pueblos indígenas que coexisten en Bolivia. Esta elección no solo sería un gesto más inclusivo, sino que también demostraría un entendimiento más profundo y respetuoso de la diversidad cultural del país.
Es casi seguro que algunas autoridades que adoptan estos símbolos carecen de un conocimiento genuino sobre su significado, utilizándolos más como una estrategia para identificarse con una región específica que por un auténtico interés cultural. Esta apropiación selectiva puede interpretarse como un intento de proyectar una imagen de conexión con el pueblo, aunque en realidad, la falta de comprensión sobre los símbolos podría traducirse en una representación superficial y, en algunos casos, carente de autenticidad. En lugar de fomentar la comprensión cultural, este enfoque puede llevar a percepciones equívocas y contribuir a la trivialización de las ricas tradiciones de Bolivia.
María Nela Prada no es una indígena y no lo será, simplemente es otra jailona, una versión masista de Miranda Priestly de "El diablo viste a la moda".

