Desafortunadamente, las perspectivas de quienes carecen de oportunidades laborales en El Alto son sumamente limitadas. En la actualidad, la adquisición de un minibús o taxi se ha convertido en una de las aspiraciones más ambiciosas para los habitantes de El Alto.
Objetivo principal, comprar minibús o taxi
Es desgarrador ver cómo los habitantes de El Alto, en su mayoría, se ven obligados a ahorrar durante al menos una década, a menudo más, para solicitar un préstamo bancario que les permita adquirir un minibús. Luego, se enfrentan a la perspectiva de trabajar incansablemente en esa actividad durante otros largos 10 años o incluso más para saldar completamente la deuda asociada al vehículo. La pregunta que resuena es: ¿En qué punto como sociedad fallamos?
Esta situación pone de manifiesto una serie de desafíos y problemas sistémicos que afectan a esta comunidad. La falta de oportunidades laborales adecuadas y la dificultad para acceder al crédito asequible son solo algunos de los obstáculos que enfrentan los alteños. Además, muestra cómo las aspiraciones se han limitado a alcanzar una movilidad económica básica a través del transporte público, en lugar de tener la posibilidad de explorar carreras y sueños más ambiciosos.
Esta realidad subraya la necesidad apremiante de un cambio en la sociedad, uno que brinde oportunidades económicas más equitativas y accesibles para todos sus miembros. Es un llamado a repensar las políticas económicas y sociales para garantizar que cada individuo tenga la posibilidad de prosperar y alcanzar sus objetivos sin verse atrapado en un ciclo interminable de deuda y trabajo duro.
Calles y avenidas colapsados
En la actualidad, es común que todos compartan el mismo sueño de adquirir un minibús o taxi, lo que lamentablemente ha llevado al colapso de las principales arterias viales en las ciudades, generando embotellamientos largos y estresantes que marcan el inicio de cada día. Sin embargo, lo más preocupante es que parece no haber un alto en esta situación: los sindicatos continúan admitiendo nuevos miembros sin restricciones, y las autoridades municipales evitan abordar cualquier forma de regulación, temerosas de la influencia y poder que estos sindicatos han adquirido. La realidad es que estos grupos gremiales han alcanzado tal grado de influencia que son capaces de paralizar por completo las vías y, en ocasiones, están dispuestos a recurrir a medidas extremas para hacer valer sus demandas, incluso si eso implica derramar sangre.

Este temor a los sindicatos por parte de la alcaldía de El Alto ha tenido un impacto significativo en proyectos como el sistema de transporte masivo Wayna Buses, que ha quedado en el olvido. Esto refleja un problema más amplio en la sociedad, donde la inversión y el espíritu emprendedor se ven desincentivados por una combinación de altos impuestos por el gobierno masista y un entorno empresarial complicado. Muchos emprendedores se sienten atrapados en una lucha constante para pagar impuestos elevados, lo que limita su capacidad de invertir y prosperar como microempresarios. Paradójicamente, trabajar en el transporte público a menudo se convierte en una opción más atractiva, ya que permite evitar la carga tributaria.
Pero sigues votando por la emoción y no con la cabeza
¡Trece años bajo el gobierno de Evo Morales y ni una miserable fábrica para mostrar! Trece interminables años y, sin embargo, la gente continúa depositando su voto en el mismo régimen. Si alguien se declara fervientemente partidario de izquierda, al menos debería abstenerse de seguir otorgando su apoyo inquebrantable al mismo partido y dar paso a otros partidos de izquierda que se preocupe por las verdaderas necesidades de la población. La única explicación plausible es que los alteños se han resignado a aceptar su precario estilo de vida actual, convirtiendo el mero acceso al transporte público en la ambición suprema para los hombres, mientras que la venta informal se convierte en el único sustento para las mujeres.
En cada proceso electoral, es lamentable observar cómo la mayoría de los habitantes de El Alto emiten su voto guiados más por las emociones que por el razonamiento lógico. Resulta desconcertante que, a pesar del apoyo inquebrantable que esta ciudad otorgó a Evo Morales durante años, los problemas fundamentales de El Alto sigan sin resolverse. La pregunta que surge es cuándo los ciudadanos de esta urbe tomarán decisiones basadas en un análisis cuidadoso y reflexivo en lugar de dejarse llevar por sus emociones.
En lugar de exigir bonos y subsidios, ¿por qué no alzar la voz en demanda de oportunidades de empleo dignas y sustentables? Como reza el antiguo proverbio chino, "Regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día; enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida".

