El fenómeno del fanatismo se manifiesta en diversos ámbitos de la sociedad, abarcando desde la lealtad a marcas de productos, pasando por fervientes seguidores de películas y artistas, hasta llegar a la esfera política, donde incluso los presidentes se convierten en objeto de adoración. En esta ocasión, nos centraremos en explorar la presencia de fanboys y trolls dedicados a exaltar la figura del presidente ruso, Vladimir Putin, quienes encuentran su hábitat principal en las redes sociales.
Estos entusiastas seguidores, conocidos como fanboys, se caracterizan por su devoción inquebrantable hacia Putin, mostrando un respaldo casi ciego a sus acciones y políticas. Su presencia se hace palpable en plataformas digitales, donde, con fervor, defienden y enaltecen cada aspecto de la figura presidencial rusa.
Paralelamente, la figura del troll también se hace notoria en este contexto. Los trolls, en este caso, son individuos que, de manera deliberada, buscan generar discordia y polémica al difundir contenido provocador, desafiante o desinformativo relacionado con Putin. Su objetivo principal es sembrar la confrontación y desestabilizar debates racionales sobre el presidente ruso.
Putin no es un comunista ni socialista
Aquello que escapa al entendimiento de los fervientes seguidores de Vladimir Putin es la realidad innegable de que la Rusia contemporánea, que ha emergido tras la disolución de la Unión Soviética hace más de tres décadas, dista significativamente de su predecesora. Más aún, cabe destacar que el modelo económico que ahora rige en Rusia es fundamentalmente capitalista, llegando incluso a afirmar que es más capitalista que el de los Estados Unidos. La única variante destacable radica en el cambio de paradigma político, pasando de una democracia a una forma de autoritarismo.
En este contexto, resulta imperativo desmitificar la idea arraigada en algunos círculos de seguidores de Putin, quienes, imbuidos en una suerte de fanatismo ideológico, creen que respaldar al líder ruso los posiciona como antagónicos al imperialismo o al capitalismo. Nada podría estar más lejos de la verdad. Putin, de hecho, ha adoptado y consolidado un sistema económico de mercado capitalista en Rusia, distanciándose de cualquier vestigio del socialismo soviético.
Es crucial comprender que, a pesar de las percepciones arraigadas en algunos sectores, Putin no encarna una postura anticapitalista ni antimperialista. La transición hacia el autoritarismo no implica una renuncia a los principios capitalistas, sino más bien una remodelación del sistema político. Más allá de las proclamaciones ideológicas, la realidad de la vida de Putin revela un estilo de vida que se asemeja más a un capitalista adinerado que a un líder antimperialista.
La ostentación de lujos que rodea la vida de Putin no puede pasar desapercibida, desde residencias opulentas hasta exquisitos caprichos. Este contraste entre la percepción ideológica y la realidad material de Putin plantea interrogantes sobre la naturaleza genuina de su liderazgo y sus motivaciones subyacentes. En última instancia, es necesario desentrañar las capas de mitos y percepciones distorsionadas para comprender la complejidad de la Rusia contemporánea y la figura de Vladimir Putin en el escenario global.
¿Quiénes son estos fans alocados?
Estos grupos de seguidores, cuyo fervor por Putin se manifiesta de manera notable, podrían fácilmente hallar un espacio afín en distintos perfiles. Entre ellos, se encuentran aquellos que profesan un marcado desagrado hacia el gobierno estadounidense, individuos que se oponen a la comunidad LGBT, defensores de gobiernos populistas en Latinoamérica, aquellos cuya fuente principal de información se limita a plataformas como TikTok, Russia Today o Sputnik News, así como los que han crecido en la era de las noticias falsas. Es prácticamente seguro que un seguidor acérrimo de Putin cumpla con uno o más de estos requisitos.
La peculiaridad de estos fanáticos radica en que no necesitan organizar reuniones al estilo convencional, con carteles y bailes; su presencia se evidencia de manera palpable en plataformas como YouTube, Facebook e Instagram. Estos canales digitales se han convertido en el escenario donde los seguidores de Putin expresan y refuerzan su admiración hacia el líder ruso.
Resulta intrigante cuestionar si estos individuos son realmente seguidores genuinos o más bien actúan como trolls en busca de generar polémica. La ambigüedad entre la autenticidad del fanatismo y la posibilidad de que algunos sean agentes provocadores resulta evidente. En YouTube, por ejemplo, es común encontrar contenido relacionado con Rusia que culmina exaltando la grandeza de Putin. En Facebook, la red social donde el presidente ruso cuenta con mayor número de seguidores, se observa una lealtad virtual palpable. Mientras tanto, en Instagram, la plataforma se convierte en un escaparate que constantemente resalta la imagen positiva y estilizada del líder ruso.
Sobrevalorado y fans ciegos
Vladimir Putin es un personaje ampliamente sobrevalorado, e invita a reflexionar sobre la influencia de las redes sociales en la construcción de íconos contemporáneos. Si las plataformas digitales hubieran existido en la época de Adolf Hitler, es plausible que habría acumulado seguidores en todo el mundo de manera similar. Este paralelo sugiere que la viralización de líderes "carismáticos" puede generar seguidores fervientes, independientemente de la ética de sus acciones.
Comparar a los fanáticos de Putin con los terraplanistas destaca la tendencia de algunos grupos a aferrarse a creencias incluso cuando se presentan evidencias claras en contrario. Los seguidores de Putin, al igual que los terraplanistas, parecen inmunes a las pruebas de abusos de poder, manteniendo una lealtad inquebrantable a las ideas del líder ruso.
Realice este experimento
Cuando decides buscar un video que muestre algún arsenal militar, un desfile castrense o alguna intervención de Vladimir Putin, no tardarás en notar que los comentarios están saturados de seguidores que elogian no solo al gobierno ruso, sino especialmente al presidente. Esta lealtad inquebrantable se manifiesta de manera evidente en las plataformas digitales.
La dinámica cambia drásticamente cuando buscas videos en los que Estados Unidos u otros países critican al gobierno ruso; en esos casos, los comentarios se llenan de fanáticos que defienden a Putin con vehemencia. Este fenómeno alcanza su apogeo en Facebook, plataforma donde estos seguidores demuestran una fidelidad extrema. Atreverse a responderles puede desencadenar un "linchamiento digital", donde las respuestas críticas son recibidas con hostilidad.
Surge la interrogante sobre la autenticidad de estos seguidores: ¿son personas reales o forman parte de una comunidad de trolls? La realidad es que en Rusia, las "granjas de trolls" lideradas por partidarios de Putin son comunes, y esta estrategia se ha replicado en gobiernos autoritarios de Latinoamérica. Los dictadores, en particular, se erigen como seguidores fervientes del presidente ruso, adoptando sus tácticas para silenciar a los medios y reprimir a la oposición. Su enfoque se centra en burlar la democracia y perpetuarse en el poder. La hipótesis de que, de tener Instagram, los dictadores seguirían a Putin añade un toque irónico, subrayando la atracción de estos líderes autoritarios hacia las estrategias que han consolidado el liderazgo del presidente ruso.
Putin es genial porque los medios están censurados
Seguramente recordarás aquella sesión de fotos en la que Vladimir Putin posaba en los paisajes nevados de Siberia, o las imágenes que lo mostraban paseando en un tanque o sumergido en un submarino. Estas instantáneas, lejos de ser simplemente registros visuales, fueron ampliamente etiquetadas por numerosos medios como formas de propaganda impregnadas de estereotipos relacionados con la virilidad, la fuerza y el machismo. La prensa rusa, incluyendo a aquellos medios afines al gobierno, ha contribuido a la construcción de una imagen de Putin que va más allá de lo político, llegando a calificarlo incluso como un "dictador carismático".
La tarea de hallar un medio que cuestione o critique al gobierno ruso se presenta como un desafío considerable. Esta falta de disidencia en los medios es el resultado directo de una ofensiva sistemática contra la prensa independiente orquestada por el Kremlin. La censura y la restricción de la libertad de prensa han consolidado un escenario en el que la crítica al gobierno se ve sofocada, permitiendo la creación y perpetuación de una narrativa que refuerza la imagen positiva de Putin y su administración.
Como se llaman los fans de Putin
Es innegable que cada figura famosa cuenta con su propio club de fans, y aunque en muchos casos no se han necesitado oficialmente, sus seguidores se han encargado de asignarles nombres que reflejen la esencia del artista. Ariana Grande tiene a sus "Arianators", Selena Gómez a los "Selenators", y Taylor Swift cuenta con los leales "Swifties", entre otros. La tradición de nombrar a los seguidores se ha arraigado como una expresión de identidad y pertenencia.
Entonces, surge la pregunta de cómo deberían llamarse los seguidores de Vladimir Putin. Entre los nombres sugeridos podrían estar los "Putinators" o los "Putiners", aunque las posibilidades son variadas. La importancia radica en que esta comunidad de seguidores es considerable y continúa creciendo cada día.

