La explicación de la historia de la diablada tiene su inicio en la época prehispánica y en la colonización, según lo indicado por Fernando Cajías De La Vega en su libro “Ángeles y Diablos en la Danza de la Diablada”. Sin embargo, otros señalan que se originó en la época pre-colombina. La historia trata sobre la lucha entre el bien y el mal, desde una perspectiva religiosa que involucra al cielo, al infierno y al purgatorio. La iconografía católica es predominantemente utilizada, y hace referencia tanto a las virtudes como a los pecados capitales. Esta relación se puede ver representada en obras de arte como las pinturas de Carabuco y Caquiaviri.
Este artículo se basa en la recopilación del libro "No se baila así no más…" de Evelin Sigl, que ofrece un compendio de la historia que envuelve a una de las danzas más representativas de Bolivia. Esta danza ha sido reconocida como Patrimonio Intangible de la Humanidad por la UNESCO. El Carnaval de Oruro es el escenario donde esta maravillosa danza ilumina toda la historia y la cultura de la región.
Historia de la Diablada
Hoy en día, al mencionar la Diablada boliviana, es común referirse a la Diablada orureña, cuya imponente imagen ha dejado su huella en todas las principales festividades folklóricas del país. No obstante, es importante recordar que hasta hace aproximadamente dos décadas, también existía una variante de la Diablada en La Paz, conocida a menudo como Diablos Romanos o Diablillos Rojos. En esta ocasión, nos centraremos primero en explorar la historia de la Diablada paceña antes de adentrarnos en la Diablada orureña.
Para ilustrar esta transición, es interesante destacar dos ejemplos significativos. La fraternidad Diablada Internacional Juventud "Relámpago" del Gran Poder, por ejemplo, fue fundada en colaboración con miembros de la Diablada "Urus" de Oruro. Además, la Diablada "14 de Septiembre" de Cochabamba surgió como respuesta al impacto que causó la presentación de la "Auténtica" en la zona de Jayhuaico.
Diablada paceña
Según la información proporcionada en el libro "No se baila así nomás", en La Paz se desarrollaron dos variantes distintas de la Diablada, las cuales se caracterizaban por sus diferencias en cuanto a la indumentaria y surgieron en épocas diferentes: los Diablos Romanos y los Diablillos Rojos.
Diablos Romanos
En la década de 1920, la variante preponderante de la Diablada en La Paz eran los Diablos Romanos, los cuales tuvieron sus raíces en los Yungas y alcanzaron su apogeo durante ese período. A continuación, describiremos sus indumentarias:
Se trataba de una Diablada que se inclinaba más hacia la imitación de los romanos. Los Diablos Romanos vestían capas que, en realidad, eran de estilo romano. Durante sus actuaciones, llevaban tridentes y víboras, estas últimas elaboradas de yeso o tocuyo, marcando así sus inicios. Portaban cascos romanos que cubrían completamente sus rostros, sin necesidad de utilizar máscaras. Además, complementaban su atuendo con una única pluma y una capa, que solía ser de color rojo. En cuanto a su vestimenta, esta constaba principalmente de cuero, adornado con monedas. También confeccionaban coraza a partir de hojalata, además de utilizar faldines de cuero y polainas en lugar de botas, las cuales eran abarcas.
De este modo, no solo la Diablada de los bordadores, fundada en 1927, sino también los predecesores de la fraternidad Diablada Internacional Juventud “Relámpago” del Gran Poder, los Astros Infernales, adoptaron vestimenta romana con cascos y la distintiva falda militar cuyas puntas rígidas aún se mantienen como parte integral del atuendo de los diablos y diablesas en la actualidad. En 1945, incluso presentaron un grupo de 150 bailarines bajo el nombre "Diablos Romanos de Bordadores" en el Estadio de La Paz.
Retomando el tema de la indumentaria, fue solo en la década de los años 50 cuando las corazas fueron reemplazadas por pecheras bordadas, inicialmente con diseños de estrellas pero también incluyendo corazones, y se introdujeron pañuelos espalderos decorados con sapolín.
En lo que respecta a los pasos de baile, estos eran más enérgicos y directos en comparación con la Diablada orureña. En cuanto a los personajes, que incluían a Satanás, la China Supay, el Maligno y el Condenado, nos centraremos en describir al Maligno, una figura típicamente paceña que más tarde se transformaría en lo que hoy conocemos como los Diablillos Rojos.
El Maligno
El personaje del Maligno es una figura arraigada en la cosmogonía andina y está vinculado al Anchanchu, un ser que causa daño a las personas. Esta representación de la Diablada existía tanto en Oruro como en La Paz, pero parecía tener un especial arraigo en la ciudad paceña. Se manifestaba en dos variedades, una en color rojo y otra en verde, pero en cualquier caso, encarnaba al mismísimo diablo:
El Maligno generalmente adoptaba, en algunos casos, una tonalidad verde y en otros, roja. No obstante, esta elección de colores estaba más relacionada con la imitación del Diablo. A diferencia de la vestimenta abultada que caracteriza a otros personajes de la Diablada, el Maligno siempre lucía buzos ajustados. Portaba un tridente en una mano y víboras en la otra. En muchas ocasiones, el Maligno, siendo la personificación del Diablo, llevaba una pequeña corona. Su papel era asustar y molestar a la gente, saltando y bailando para encarnar la perturbación que el Diablo representa.
Los migrantes aymaras de El Alto aún recuerdan la presencia del Maligno. De acuerdo con la tradición, los padres de niños pequeños no bautizados solían poner tijeras o cuchillos bajo las almohadas de sus hijos para alejar al Maligno, quien se creía que podía llevárselos o causarles daño.
La vestimenta del Maligno era sencilla e incluía un trinche, una cola y una pequeña careta completa con bigotes, cuyo color se correspondía con el de su atuendo: si su ropa era roja, la careta también lo era, y si la vestimenta era verde, la careta debía ser verde. En lo que respecta a sus características inspiradas en películas de la época, anticipaban lo que más tarde se conocería como el Diablillo Rojo.
Existían dos personajes, ambos con características similares, diferenciándose únicamente por el color, siendo el Maligno verde quien participaba más en la Sikuriada, aunque ocasionalmente se involucraba en la Morenada.
Rufino Chuquimia confirmó la presencia del Maligno en la Sikuriada (en ese momento aún conocida como Misti Sikuri) y describió cómo el Maligno no era el Diablo en sí, sino más bien una representación menor de este, que solía tomar panes o naranjas de las vendedoras descuidadas.
Diablada orureña
En la actualidad, la Diablada orureña se encuentra representada por cinco fraternidades prominentes: la "Gran Tradicional Auténtica Diablada Oruro," fundada en 1904 y popularmente conocida como la Diablada de los "Mañazos" (matarifes); la "Fraternidad Artística y Cultural La Diablada," fundada en 1944 y apodada la "Frate"; el "Conjunto Tradicional Folklórico Diablada Oruro," establecido en 1943; la "Diablada Ferroviaria," que surgió en 1956; y la "Diablada Artística Urus," fundada en 1960. Además, se han expresado intenciones de revitalizar una sexta Diablada orureña, el "Círculo Cultural de Artes y Letras Oruro," que estuvo activa hasta la muerte de su fundador, Julio Quintanilla, a principios de la década de los años ochenta.
A pesar de la competencia que pueda existir entre estas instituciones y de las menciones frecuentes sobre la posible adopción de innovaciones de un grupo por parte de otros, se observa una sólida cohesión entre todas estas fraternidades en cuanto a su identificación como representantes de la Diablada orureña. Esto podría deberse, en gran parte, a la declaración del Carnaval de Oruro como patrimonio intangible de la humanidad por parte de la UNESCO, una distinción estrechamente vinculada con el tema de los Diablos danzantes, que son emblemáticos para esta festividad.
Las fraternidades y sus características
En la actualidad, muchos habitantes de Oruro sienten una profunda conexión con la Diablada, considerándola una parte esencial de su tradición y un símbolo representativo de la ciudad.
Sin embargo, es importante explorar quiénes son estos Diablos y cómo se distinguen entre las cinco fraternidades. En cuanto a su composición social, cabe destacar que solo dos de las cinco fraternidades tienen una base gremial: la "Auténtica," compuesta por carniceros, y la "Ferroviaria," integrada por trabajadores del ferrocarril. En particular, la "Auténtica" se caracteriza por su arraigado enfoque en la tradición. Esta es la única Diablada que aún mantiene la figura de la China Supay como un personaje masculino y que ha reintroducido el personaje del Condenado. Los inicios de esta fraternidad están estrechamente ligados a la familia Corrales, siendo Pedro Corrales Flores uno de los fundadores de la primera institución diablesca de Bolivia. Además, fue la "Auténtica" la que, bajo la tutela de Pedro Pablo Corrales en 1917, emprendió una gira a Puno, lo que condujo a la creación de la "Diablada puneña". Es una de las razones por la cual los peruanos piensan que la Diablada tiene origen en Perú, algo que es totalemente falso, hasta el día de hoy la versión peruana es considerada como una imitación burda y mediocre de la original.
A mediados de la década de 1940, algunos miembros de la "Auténtica" se separaron para fundar la "Diablada Artística y Cultural". Estos bailarines no eran Diablos comunes; desde su primera aparición en los "Mañazos," llamaron la atención.
La "Frate" aún conserva el apodo que se daba a sus miembros fundadores: "los pijes," término equivalente a "q'ara," una referencia al hecho de que los primeros bailarines de este conjunto provenían de la "alta sociedad". Para comprender el tipo de personas que se congregaban en la "Frate" en ese momento, basta con recordar el apodo del primer presidente de la institución, Carlos "gringo" Zaconeta, y observar los apellidos de las primeras "predilectas": Biggemann, von Borries, Merik, Ursalovic, entre otros.
Indudablemente, fue la "Fraternidad" la que transformó la percepción de la Diablada, haciéndola más aceptable para la alta sociedad:
A partir de 1945, con la fundación de la "Fraternidad", se abrió un espacio para que esta agrupación se presentara en la plaza pública, principalmente debido al prestigio de sus miembros. De hecho, la "Fraternidad" fue la primera en recibir la autorización para realizar sus danzas en la Prefectura, y el salón prefectural se convirtió en prácticamente su segunda casa. ¿Cuál fue el motivo? La distinguida ascendencia y la red social que ostentaba la "Fraternidad" atrajeron la atención de las autoridades, tanto civiles como militares, quienes mostraron un interés notable en esta fraternidad, en contraste con otros conjuntos que no recibían el mismo nivel de atención. Este fenómeno gradualmente impulsó cambios en toda la estructura de la folklórica.
A pesar de que en años posteriores se abrió la participación al público en general, la "Fraternidad" sigue siendo vista como elitista y se enorgullece de sus altos estándares y numerosas innovaciones en términos de vestimenta, difusión mediática y coreografía. Fundada por el coronel Zaconeta, esta Diablada se rige bajo una disciplina de estilo militar y realiza sus ensayos en el regimiento Camacho de Oruro. La introducción de nuevos pasos y la organización y sincronización que caracterizaban a esta agrupación desde hace décadas le han valido la etiqueta de "ballet callejero". En 1964, la "Fraternidad" introdujo la exhibición de danzas nocturnas con caretas y trajes iluminados, junto con el uso de linternas y humo de luz en colores llamativos. En 1991, crearon el personaje de la Diablesa, seguido en 1992 por la China Diabla y en 1994 por los Ñaupa Diablos.
Una institución que mantuvo un fuerte vínculo y un intercambio significativo con la "Fraternidad" es la "Diablada Eucaliptus", originaria de Eucaliptus, un pueblo ubicado en la frontera entre La Paz y Oruro, que solía albergar a una clase acomodada debido a su historia como estación minera. Al igual que su contraparte orureña, esta fraternidad seguía una estructura jerárquica y una disciplina estricta, e incluso en el pasado, se aplicaban castigos físicos a aquellos que infringían el orden establecido.
Antiguamente, los mayores tenían sus normas. Incluso un joven, un Diablo, no podía invitar un vaso de cerveza a un Lucifer, era una falta de educación. Incluso dentro de la fraternidad entre varones, un Diablo invitaba un cigarro y era considerado un insulto encenderlo. Es decir, existían normas dentro de la misma Diablada. Se mencionaba que los mayores habían establecido estas normativas, en parte, para preservar el respeto. Incluso, recientemente, a los Diablos jóvenes no se les permitía tomar, ya que en tiempos pasados no se les permitía. La fiesta concluía, el baile terminaba, y tenían que regresar a sus casas, mientras que solamente los mayores se quedaban.
Volviendo a las fraternidades de Oruro y su composición social, es importante destacar que tanto la "Diablada Oruro" como la "Urus" no cuentan con una afiliación gremial específica ni están vinculadas a un estrato social particular. Ambas se dirigen al público en general, aunque la "Urus" tiene un enfoque especial en la juventud, especialmente en aquellos que disponen de recursos económicos limitados pero poseen una gran energía para participar activamente en el baile. Es notable que ambas instituciones han intentado reconectar con la histórica presencia de los mineros en la Diablada.
Mientras que la "Diablada Oruro" sigue una línea tradicionalista en sus representaciones, la "Urus" ha ganado seguidores gracias a sus innovaciones, como la incorporación de las "Ángeles" (también conocidas como "Virtudes") y la habilidad para "botar fuego".
Teorias sobre el origen y significado de la Diablada Orureña
Es frecuente asumir que la Diablada simboliza la "lucha entre el bien y el mal," y que los Diablos, vencidos por el Arcángel Miguel, danzan en honor a la Virgen del Socavón. Sin embargo, ¿es realmente tan sencillo o existen otros significados que merezcan un análisis más profundo? Comenzaremos explorando el simbolismo de los "diablos".
Diablo, Supay, Tío
Cuando nos referimos a la Diablada, es evidente que no estamos hablando simplemente de Diablos en el contexto católico, sino de un producto de una intrincada relación entre la cosmovisión andina y el catolicismo.
Cuando los españoles llegaron a lo que hoy es Bolivia, no existía ninguna entidad considerada enteramente malévola en el sentido diabólico. Los dioses andinos poseían características ambivalentes y podían volverse peligrosos cuando estaban enfadados, pero también podían ser apaciguados mediante rituales y ofrendas. Influenciados por el pensamiento humanista del Renacimiento y las enseñanzas del Concilio de Trento, los sacerdotes del siglo XVI comenzaron a evangelizar a través de analogías. Para este propósito, buscaron elementos en la cosmovisión andina que pudieran servir para establecer conexiones, aunque bastante libres, entre estos elementos y la doctrina católica.
De esta manera, los (semi)dioses Supay y Huari fueron equiparados con la figura del diablo en la tradición católica. Sin embargo, ya en 1560, Fray Domingo de Santo Tomás admitió que Supay no era ni un ángel ni un demonio enteramente bueno o malo, sino que solo se convirtió en diablo a raíz de la evangelización. Esto nos lleva a la conclusión de que el concepto del "diablo" colonial fue esencialmente inventado por los religiosos europeos del siglo XVI, quienes comenzaron a superponer las entidades del "manqha pacha" (el mundo de "adentro," fértil y reino subterráneo de los difuntos) con las entidades sobrenaturales Supay y Huari, así como con el demonio cristiano.
En el imaginario andino actual, el antes ambiguo Supay ocupa un lugar destacado en la jerarquía de los espíritus malignos, que incluyen a los anchachus, saxras, entre otros. El Saxra, por ejemplo, se considera un espíritu maligno errante que actúa durante la noche y puede causar enfermedades y la "pérdida del alma". En las comunidades rurales, se dice que el Saxra/Supay/Anata/Pujllay/K'ita Carnaval/Tío (las denominaciones y acepciones varían según el lugar) tienta y engaña, especialmente durante los tiempos de Anata/Carnavales, cuando puede aparecer como una hermosa mujer o transformarse en un grupo de músicos. Sin embargo, también se le invoca para garantizar un Carnaval armonioso y sin conflictos.
Aunque el Tío también se encuentra en áreas rurales, está más relacionado con las minas, donde a menudo se le venera con ofrendas de alcohol y coca para recibir su ayuda en lugar de sufrir desgracias. Algunos estudiosos, como Oblitas Poblete (1963) y Gisbert (1988), ven al Tío como el adversario de la Pachamama, una relación diádica que se ha trasladado al antagonismo entre el Diablo y la Virgen del Socavón en Oruro. Además, en Oruro, la imagen del Tío se confunde con la de Supay, al menos en el sentido que el dramaturgo y estudioso de la cultura tradicional, Oblitas Poblete, le atribuye a esta entidad espiritual:
"[Supay] … es el dueño de todas las riquezas del mundo, especialmente de las minas de oro, plata, platino, etc. Tiene el poder de convertir un cerro con ricos filones de metales en cuarzo o viceversa, con tanta facilidad que en un instante las vetas pueden desaparecer o transformarse en pirita."
Es destacable que Oblitas Poblete establezca una conexión entre las acciones traviesas de Supay y una danza que guarda similitudes con la Diablada:
"Cuando estos traviesos personajes caen sobre la tierra, Supay se regocija y experimenta una grata complacencia, riendo a carcajadas y realizando una danza que se asemeja a las contorsiones de una persona epiléptica. Mientras baila, arroja chispas y hace sonar los adornos de libras esterlinas que lleva en su vestimenta, como si fueran cascabeles."
Por otro lado, Huari/Wari no forma parte del grupo de estos espíritus malignos, pero posee connotaciones de naturaleza sobrenatural.
Huari/Wari
En Oruro, Huari está principalmente vinculado al mito de las cuatro plagas (sapo, lagarto, serpiente y hormigas) enviadas para devastar el pueblo orureño (uru). En esta narrativa, el (semi)dios prehispánico Huari, representante de la espiritualidad andina, intenta llevar a cabo esta tarea, pero es derrotado por una hermosa Ñusta, que simboliza a la Virgen del Socavón y el catolicismo. Como resultado, Huari se retira a las profundidades de la tierra. A menudo, se lo equipara con Supay o con el "Tío" de la mina, aunque también existen otras connotaciones relacionadas con "wari" (que en aymara significa "vicuña").
Según Condarco Santillán, "wari" habría sido una antigua deidad uru vinculada con la "llegada de las lluvias", una interpretación que hoy en día se asocia con la vicuña en el contexto de las danzas autóctonas de La Paz. Además, se cree que este antiguo "wari" estaba relacionado con las almas de los difuntos que residían en el "manqha pacha", lo que lo conecta con el simbolismo y la invocación de la fertilidad en la cosmovisión aymara. En la perspectiva aymara, la fertilidad, la falta de control y el "salvajismo" (la vicuña es claramente un animal salvaje asociado con áreas no cultivadas, es decir, no controladas) están estrechamente relacionados entre sí.
Teorías acerca de origen y significado de la Diablada
La Diablada orureña es una danza de larga data, con una historia que se puede rastrear a través de fotografías, recortes de periódicos y actas de fundación de sus respectivas instituciones, lo que confirma su antigüedad de más de 100 años. Sin embargo, encontrar un origen concreto para esta expresión cultural resulta una tarea desafiante.
El periodista y estudioso del folclore orureño, Beltrán, propone que la danza se originó a partir de los bailes incaicos. Esta hipótesis posiblemente surgió en el período posterior a la Revolución, como parte de los esfuerzos por conectar al nuevo Estado y su población con un glorioso pasado prehispánico compartido. Esta ideología política buscaba negar o minimizar la influencia extranjera en la creación de una identidad nacional.
Otros estudiosos sitúan el origen y significado de la Diablada en la cosmovisión andina. Romero considera que la Diablada es una adaptación de danzas y rituales relacionados con las celebraciones de Anata, que celebran la buena cosecha. Aunque menciona la existencia de "diablos" autóctonos que personifican las almas de los difuntos y ayudan a garantizar una buena producción, así como su participación en la "supay phista" o fiesta de los diablos autóctona durante el Carnaval, esta posible conexión entre las danzas autóctonas y la Diablada orureña actual es prácticamente inexistente en el imaginario de los bailarines contemporáneos.
Es probable que la Diablada tenga algún tipo de antecedente autóctono; sin embargo, ¿cuánto se relaciona realmente esta danza autóctona con la Diablada tal como la conocemos en los últimos 100 o 150 años? ¿Podría ser una manifestación de Wari thuqu (Calizaya menciona una mina llamada "waritoko" en el cerro Pie de Gallo, una reinterpretación de wari thuqhu)? ¿Una danza dedicada a Huari, una entidad misteriosa entre la vicuña y el Tío de la mina? ¿Bajo su apariencia europeizada, el Diablo podría ser un Supay, un Saxra o simplemente un alma?
Por supuesto, se puede interpretar la creación de estos "nuevos" Diablos como un ejemplo de la hibridez subversiva propuesta por Bhabha (2000), quien sugiere la resistencia a través de una duplicación incompleta. En este sentido, para los españoles, todos los seres del inframundo eran diablos (asociados con su concepto del inframundo), y obligaron a los indígenas a adoptar este término. Según esta perspectiva, los oprimidos habrían asumido el nombre de "diablo", pero en un acto de subversión encubierta, lo habrían adaptado a su propia lógica y transformado en un símbolo de los valores tradicionales y de la resistencia indígena. En otras palabras, este personaje podría enfrentar al dios impuesto y mantener los vínculos espirituales con las almas que garantizan la reproducción y multiplicación de las riquezas naturales. La Diablada "Urus" interpreta su danza de esta manera:
La Diablada representa la sátira hacia el conquistador, la rebelión de los mineros mitayos contra sus opresores, la búsqueda de libertad y la lucha de los mineros mitayos.
Sin embargo, es importante ser cautelosos y evitar caer en el romanticismo que atribuye automáticamente "resistencia" y "subversión encubierta" contra el poder colonial a todas las manifestaciones culturales autóctonas. Además, debemos tener en cuenta que la composición social de las Diabladas orureñas ha experimentado cambios drásticos a lo largo del tiempo, y en la actualidad ya no mantienen ningún vínculo con el mundo indígena, ni siquiera indigenista. Sin embargo, resultan interesantes las observaciones sobre ciertos personajes presentes en la Diablada, como el Oso, el Cóndor y la figura desaparecida del Titi o Puma.
El Oso/Jukumari, Titi (gato montés), "León" (puma) y Cóndor claramente no concuerdan con el discurso católico que rodea a la danza, y podrían interpretarse como vestigios de una adaptación y readecuación de una "farsa dialogada" con fines catequéticos hacia la tradición dancística regional. En muchas danzas del altiplano boliviano, se incluye la figura del Cóndor, y en los Lichiwayus de Oruro y La Paz, suele aparecer un Jukumari. Tanto el felino como el oso pueden considerarse como representantes del mundo "salvaje" e "indómito", fuera del control humano, pero también como símbolos de fertilidad y reproducción. El cóndor no solo denota autoridad y sabiduría, sino que también actúa como "mensajero de los Achachilas", estableciendo una conexión con el panteón espiritual andino.
Además, es común que el K’usillo porte un titi o incluso un qulq’i titi (gato montés cuyo pelaje evoca la forma de monedas), que simboliza la prosperidad y la riqueza. Respecto al "león", es importante destacar que esta fue la denominación que los colonizadores dieron al puma andino, un felino asociado con la fertilidad, la valentía y la fuerza, cuyo pelaje y cabeza formaban parte de la indumentaria ritual incaica.
Por último, las máscaras y los bordados de los trajes de baile, decorados con serpientes, cóndores, lagartos y sapos, no solo evocan el origen mitológico de la ciudad de Oruro, sino que también podrían interpretarse como referencias remotas al significado ritual que estos animales tienen en la cosmovisión andina.
En el ámbito rural, el sapo está estrechamente vinculado con la lluvia, mientras que la víbora se transforma en un símbolo del rayo y, por extensión, del temido dios precolombino Illapa, que gobierna sobre las tormentas, los rayos y la lluvia. El sapo aparece durante la lluvia, pronosticando fertilidad y crecimiento, y al deslizarse, conecta el mundo terrenal con el inframundo. Sin embargo, hay detalles adicionales a considerar. Los líderes de la revuelta indígena de 1781, Tupac Katari y Tupac Amaru, adoptaron el sobrenombre de serpiente. En tiempos incaicos, Amaru era la temible serpiente del Antisuyu, que con el paso de la época colonial comenzó a ser asociada más con un dragón, posiblemente influenciada por el salmo 74,13.
Por lo tanto, a fines del siglo XVIII, una época que muchos relacionan con el surgimiento de la Diablada, la serpiente también se convirtió en uno de los símbolos de lucha y rebeldía que las ordenanzas virreinales, a partir de 1781, intentaron suprimir. Esto provocó una creciente mezcla entre la simbología y la indumentaria del poder colonial y los oprimidos. Fue entonces cuando se intentó asociar al Diablo y sus serpientes con la rebeldía de los ángeles caídos y con el mal que debía ser derrotado por el ángel blanco, católico y representante del poder colonial.
Sin embargo, es importante destacar que si la Diablada alguna vez tuvo ese significado, este se ha perdido con el tiempo. Aunque los bailarines actuales suelen asociar al Oso con el jukumari andino y reconocen el alto valor simbólico del cóndor, consideran estos elementos como "tradicionales" subordinados al discurso dominante que promueve la fe y la devoción a la Virgen del Socavón. Además, es necesario tener en cuenta que en la Europa medieval, el mono, la araña, la serpiente y el dragón eran considerados símbolos del diablo. Más específicamente, el sapo no solo formaba parte de las plagas enviadas por Dios a los egipcios, sino que también se asociaba con la herejía y la gula, y la serpiente se consideraba portadora de poderes demoníacos.
En cuanto al tema de la prosperidad y la riqueza, desde hace décadas se ha relacionado la Diablada con los mineros. Según algunas fuentes, hacia 1919, la Diablada estaba integrada por artesanos que habían reemplazado a los mineros. Los bailarines de Choquelas eran trabajadores de las minas. También se ha relacionado la Diablada con la veneración del Tío de la Mina, que a su vez se interpreta como una adaptación del Tiw uru. Esto puede entenderse como una forma de "sátira" o de transculturación e identificación.
En el contexto minero, la presencia del Titi tiene sentido. Sin embargo, llama la atención que este personaje desapareció a principios del siglo XX, posiblemente cuando la danza perdió su conexión directa con la minería y fue apropiada por matarifes y artesanos de diversos orígenes. A partir de 1917, se transformó en la Diablada de los Mañazos. Entonces, ¿por qué los matarifes y contratistas de ganado, uno de los gremios más ricos, se habrían interesado en la Diablada? Pablo Ayllón, presidente de la Diablada "Urus," ofrece una explicación interesante al respecto: sugiere que siempre ha existido una fuerte interrelación entre el sector minero y los proveedores de carne, un estrato pudiente. Por lo tanto, es posible que cuando la Diablada de los mineros entró en decadencia a finales del siglo XIX, los matarifes les pidieran que participaran en su fiesta y se hicieran cargo de la danza. Esto finalmente llevó a la identificación de ese gremio con la Diablada. En este proceso, también influyeron danzarines, bordadores y mascareros de lugares cercanos a Oruro, como Paria, Saitoco y Caracollo.
Este contexto histórico revela una transformación compleja de la Diablada a lo largo de los años. A pesar de sus orígenes inciertos, la danza ha evolucionado y se ha adaptado a diferentes contextos y grupos sociales. A medida que la composición social de las Diabladas orureñas ha cambiado drásticamente y ya no presentan un vínculo directo con el mundo indígena, es importante ser cauteloso y no caer en el romanticismo que atribuye automáticamente "resistencia" y "subversión encubierta" contra el poder colonial a todas las manifestaciones culturales autóctonas.
No obstante, es fascinante observar cómo ciertos personajes de la Diablada, como el Oso, el Cóndor y la desaparecida figura del Titi o Puma, pueden interpretarse como huellas de una readecuación y adaptación de una "farsa dialogada" con fines catequéticos a la tradición dancística regional. Estos elementos pueden considerarse como una forma de hibridación cultural que refleja la compleja interacción entre la cosmovisión andina y el catolicismo.
Además, las máscaras y los bordados de los trajes de baile, que están decorados con serpientes, cóndores, lagartos y sapos, no solo evocan el origen mitológico de la ciudad de Oruro, sino que también podrían interpretarse como referencias remotas al significado ritual que tienen estos animales en el mundo andino. Por ejemplo, en el ámbito rural, el sapo está estrechamente asociado con la lluvia y la víbora se convierte en un símbolo del rayo y, por extensión, del dios precolombino Illapa que reina sobre las tormentas, el rayo y la lluvia. Así, la Diablada orureña continúa siendo una danza llena de misterio y significado, que ha evolucionado a lo largo de los años y sigue siendo una parte importante de la identidad cultural de Oruro.
Volviendo a las teorías de origen, es necesario explorar las posibles raíces europeas de la Diablada. Respecto a una descendencia de los autos sacramentales hispánicos, Fortún señala que estos no abordan la temática del diablo y las tentaciones, centrándose más en representaciones como el Nacimiento de Nuestro Señor, el misterio de los Reyes Magos y el Auto de huida a Egipto, que servirían de base para el futuro teatro Místico Español. Aunque existen temas relacionados con la degollación de inocentes, Herodes y Pilatos en estos autos primitivos, ninguno de ellos parece estar vinculado directamente al relato de la Diablada.
No obstante, Fortún destaca la posible influencia de dos bailes catalanes: el Ball des Diables (Baile de Diablos) y Los Siete Pecados Capitales. El Ball des Diables o Correfocs, que goza de gran popularidad en Cataluña y Valencia, tiene sus raíces en las fiestas nupciales del conde de Barcelona con la hija del Rey de Aragón en 1150. Durante estas festividades, se escenificó una farsa en la que un grupo de diablos liderados por Lucifer se enfrentaba en un duelo de palabras y coreografía contra un grupo de ángeles dirigidos por el Arcángel San Miguel. Fortún también menciona referencias históricas de este tipo de espectáculos en los años 1423, 1612 y 1695.
Además, Fortún hace referencia a otra danza en Tarragona conocida como la danza de los Siete Pecados Capitales, en la que los vicios entablan un diálogo con una dama que personifica la Virtud y en la que también aparece la figura de la Tentación. Es posible que Ladislao Montealegre, párroco de Oruro en 1818 y autor del primer Relato de la Diablada, haya tenido conocimiento de estas danzas europeas y las haya adaptado para el contexto orureño. Aunque la Diablada no haya surgido directamente de un auto sacramental, su función en el espectáculo era similar: adoctrinar a los indígenas, equiparando las entidades y prácticas espirituales andinas con el mal y el catolicismo con el bien, en consonancia con el poder colonial.
Los vestigios de la cosmovisión andina parecen manifestarse principalmente en la "estética de la abundancia" y en los tratos recíprocos que forman parte del catolicismo popular andino. Entre los Diablos orureños, se puede observar un fuerte sentido de sacrificio que se refleja no solo en el exigente baile y los lujosos atuendos, sino también en la "ofrenda" simbólica de cargamentos y arcos adornados con platos, vasijas y cucharas de plata. Este sacrificio no se considera en vano, sino más bien como una "inversión", una perspectiva que se asemeja más al pensamiento andino que a la lógica católica.
En resumen, la Diablada es un excelente ejemplo de mestizaje, ya que combina elementos de diversas procedencias para crear algo nuevo y único. En esta danza, encontramos criaturas místicas cuyo valor se deriva de la cosmovisión andina, Diablos y Ángeles inspirados en la pintura colonial y la doctrina católica, así como personajes nuevos que se adaptan al contexto social contemporáneo de la danza. Este hibridismo se hace evidente incluso en la música, donde los aerófonos nativos han sido desplazados, pero la música sigue teniendo influencias de las bandas militares y las marchas europeas, fusionándose con la kacharpaya andina.
Sin embargo, a pesar de la presencia innegable de elementos andinos, estos no ocupan un lugar central en la actual Diablada orureña. Esto probablemente se debe a la composición social actual de los Diablos, que en su mayoría son personas de clase media-alta occidentalizadas y no indígenas o cholos que mantienen un fuerte vínculo con la cosmovisión y los ritos andinos. Para ellos, estos elementos andinos son considerados como aditamentos "tradicionales", pero no forman parte de su visión del mundo. Por lo tanto, es evidente que los Diablos de hoy en día no bailan en honor a Supay ni al Tío, sino más bien en devoción a la Virgen del Socavón.
¿Cuál es la conexión entre la Virgen y los Diablos?
Existen dos leyendas, la del Chiru Chiru del siglo XVII y la del Nina Nina de 1789, que se dice que explican la profunda devoción hacia la Virgen del Socavón. En realidad, esta Virgen es una advocación de la Virgen de la Candelaria, celebrada en Carnavales en lugar de su fecha devocional el 2 de febrero. Ambas leyendas, Chiru Chiru y Nina Nina, a menudo son presentadas como una suerte de "Robin Hood" que robaba únicamente a los ricos, veneraba a la Virgen de la Candelaria como su protectora y cayó en desgracia cuando intentó robar a un pobre en el caso de Chiru Chiru, o huir con su amada después de que se le negara la unión matrimonial con ella en el caso de Nina Nina.
El elemento clave en ambas narraciones radica en que, en el momento de su muerte, estos "buenos ladrones" invocan a la Virgen de la Candelaria y son auxiliados por ella. En el caso del Chiru Chiru, la Virgen deja su imagen en la pared del humilde lugar donde se encuentra su cuerpo, y en el caso de Nina Nina, lo lleva al hospital, llama al cura y lo bendice antes de desaparecer misteriosamente. La noticia de estos eventos, que tuvieron lugar durante el Carnaval, se difundió rápidamente, dando inicio al culto a la Virgen.
Víctor Zaconeta relaciona la leyenda del Chiru Chiru con el origen de la Diablada y concluye que "una vez descubierta la imagen de la Virgen y sepultado el cadáver del Chiru-Chiru, con todos los honores posibles, al tercer día se reunieron todos los vecinos del Barrio Minero, al que pertenecía él, y llegaron a los siguientes acuerdos aprobados por unanimidad:
1°. Que la mina de plata 'Pie de Gallo', que ya se trabajaba en esa época, se denominaría, de ahora en adelante, 'Socavón de la Virgen', nombre con el que se conoce en la actualidad.
2°. Que todos los años se celebraría con gran pompa la fiesta de la Virgen, debiendo coincidir precisamente con la fecha en que caía el sábado de Carnaval, víspera de la Quincuagésima, tanto porque ocurrió el suceso pocos días antes, como porque los mineros tenían solo tres días de libertad laboral, los necesarios para celebrar la fiesta tal como ellos la deseaban. De ahí proviene que esta festividad sea móvil y deba caer precisamente en Carnaval, a pesar de los calendarios, bulas y ritos de la Iglesia Católica.
3°. Que para rendir debidamente honores a su excelsa Patrona, todos los mineros se disfrazarían de diablos, tanto para realzar la fiesta como para mantener ciertas tradiciones de la minería, sin olvidar a Satanás y al Arcángel San Miguel, que representan de manera melodramática la caída de Lucifer…".
El grupo folclórico Llaytaymanta recrea esta historia en su videoclip titulado "El Chiru Chiru".
Según el texto de Zaconeta, la Diablada habría tenido su origen en 1789. Sin embargo, Condarco Santillán ofrece una interpretación interesante al postular que el propósito de esta leyenda era crear un pretexto para permitir que las antiguas wak'as, simbolizadas en el "Tío," pudieran regresar a la tierra, especialmente durante Anata/Carnavales, cuando los indígenas celebraban la pre-cosecha junto a las almas que ayudaron en la producción. Cuentas Ormachea presenta una pintoresca versión de la leyenda de Chiru Chiru que establece una conexión concreta entre la muerte de este personaje y el surgimiento de la danza de los Diablos:
"La noche se cernía sobre Chiru-Chiru. La envolvía con su poncho desprovisto de estrellas. Observó sus ojos brillantes y se deslizó por su herida. Un puñal se asomaba por su espalda, teñido de sangre. […] El forajido se adentró en la oscuridad de la cueva, jadeando fatigosamente, mientras su corazón latía como un potro salvaje. Dos chispas, arrancadas por su mano temblorosa, prendieron las velas de la Virgen, su patrona. La imagen se acercó a sus ojos y la vislumbró borrosamente en la pared donde estaba pintada de manera rudimentaria. Antes de caer, consumido por la agonía, comprendió la sonrisa de perdón que le abría las puertas del cielo. Su alma se escapó en un suspiro y los carabineros que se apresuraban a atraparlo se detuvieron. Las llamas crecieron y saltaron a sus pies, titilando con temor. El extraño fenómeno los paralizó por completo, y se frotaban los ojos pensando que estaban soñando. […] El fuego estalló, adquiriendo la brillante forma de una criatura fantástica hecha de oro, plata y piedras preciosas; la figura diabólica comenzó a danzar. ¡Era Lucifer, que llegaba para reclamar su presa! Aterrados, intentaron retroceder y escapar, pero su propio miedo los mantuvo en su lugar, y quedaron para presenciar la danza fabulosa alrededor del cuerpo del bandido. La cueva se iluminaba sucesivamente con llamas verdes, explosiones rojas, amarillos brillantes y violetas incandescentes, mientras el diablo realizaba su danza, a veces lenta, como si estuviera inmóvil, y otras veces tan rápido que se convertía en una ráfaga de luces. Su figura se deformaba, adoptaba formas extrañas, se reducía o crecía, o se fragmentaba como si algo la hubiera roto en mil pedazos. Su presencia mágica volvía locos a los espectadores. Los carabineros, inmóviles, sentían que sus sienes latían, sus venas se hincharon, y su respiración se volvía entrecortada. Estaban al borde del desmayo cuando un arcángel con alas translúcidas, como la luna, hizo resplandecer su espada, protegiendo al bandido caído, mientras el diablo se desvanecía en una nube de colores. Cuando se conoció la noticia, los seguidores de Chiru-chiru tomaron como patrona a la Virgen del bandido, la Señora del Socavón, a la que llamaron la Candelaria, en honor a su defensa de Chiru Chiru con la luz de las velas. La extraña danza del diablo y la aparición del arcángel fueron representadas con el tiempo por los ricos mineros de Oruro, y gradualmente, el número de bailarines se multiplicó hasta convertirse en grupos de cincuenta a ochenta participantes."
Es posible que la danza y la correspondiente parábola sobre el bien y el mal hayan surgido en un momento de agitación, poco después de la sublevación indígena de 1781, y durante el período de lucha por la independencia, que se logró en 1825. Estas representaciones podrían haber funcionado como un llamado a la moral y a los valores católicos, aludiendo también a la suerte que aguarda a los rebeldes que desafían el bien. En ese momento, el bien estaba estrechamente asociado con el poder colonial y la Iglesia católica, mientras que el mal se vinculaba con la rebelión de los indígenas paganos. Por lo tanto, el énfasis en la devoción hacia la Virgen podría interpretarse como un llamado a la reflexión y al retorno al orden establecido. En este contexto, la figura del Ángel en la Diablada Oruro podría entenderse de la siguiente manera:
"El ángel representa a la Iglesia Católica y se incorpora en la diablada para enfrentar las supersticiones y creencias, dejando de lado a las divinidades ancestrales".
En cuanto a la forma histórica de la Diablada, es importante destacar que hace un siglo o más, las danzas hoy conocidas como folklóricas aún no estaban claramente definidas. Hubo un intercambio significativo de personajes entre la Diablada y la Morenada, y ambas danzas incluían Ángeles, Diablos, Luciferes, Osos, Cóndores y felinos, entre otros personajes.
Personajes de la Diablada
3. El Diablo
El Diablo ocupa un papel central en la Diablada, siendo considerado el "habitante del infierno". En la actualidad, a menudo se interpreta como Supay o Tío, y emerge durante el carnaval para provocar la furia entre la gente, pero finalmente es aplacado y dominado por el Arcángel Miguel. Este personaje representa a los corazones ingenuos de los seres humanos, quienes, bajo el liderazgo de Lucifer y Satanás, personifican los Siete Pecados Capitales: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza.
En su papel como portador de estos Siete Pecados Capitales, el Diablo simbólicamente lucha consigo mismo mientras danza, para finalmente derrotar a los Siete Pecados Capitales ante la mirada de la Virgen del Socavón. Es interesante notar que en tiempos pasados, la Diablada no tenía el carácter tan solemne que se le atribuye en la actualidad. En ese entonces, la comparsa de los Diablos estaba compuesta por matarifes y artesanos, y no se había alejado tanto de la idiosincrasia del bailarín rural, caracterizado por su humor juguetón y lascivo. Actuaban dentro del marco de la "comicidad andina" sin buscar forjar una identidad elitista marcada por la elegancia y el comportamiento sobrio.
Con la entrada de los "pijes" y el ascenso social de la Diablada, la imagen del Diablo cambió, perdiendo su vivacidad, picardía y las connotaciones eróticas que caracterizaban a los "diablos" rurales como el K'usillo. Hoy en día, el Diablo se asocia con agilidad, destreza y virilidad, y fascina por la fuerza que representa.
A continuación, analizaremos la indumentaria del Diablo, que en parte también es utilizada por otros personajes de la danza, como la máscara, la faja, las botas y las espuelas. Por lo tanto, no repetiremos la descripción de estos elementos cuando hablemos de Lucifer, Satanás y los Ñaupa Diablos. Es importante señalar que esta indumentaria ha sido copiada por grupos peruanos, lo que ha generado controversia y repudio por parte de las fraternidades bolivianas.
Caretas
Indudablemente, una de las piezas más impactantes de la indumentaria diablesca es la máscara, aunque existen estudios dedicados a su clasificación y desarrollo histórico, aquí destacaremos algunos aspectos importantes, especialmente cómo se diferencian los diferentes tipos de Diablos a través de sus máscaras.
Según los testimonios de Antonio Viscarra y Zenón Goitia, recogidos por Wendy McFarren y Beltrán Heredia, "cada uno de los Siete Pecados Capitales estaba caracterizado por una máscara apropiada y diferente a las demás".
En el "orden demoníaco", cada uno de estos Siete Pecados Capitales corresponde a un "tipo" específico de Diablo, que a su vez se asocia con determinados colores, estableciendo las siguientes relaciones: Lucifer, asociado con la soberbia, se relaciona con el rojo según Vargas Luza o el negro. Satanás, representando la ira, se asocia con el guindo. Mammón, simbolizando la avaricia, se vincula con el negro. Asmodeo, que personifica la lujuria, se identifica con el anaranjado. Belcebú, encarnando la gula, se asocia con el azul. Leviatán, representando la envidia, se relaciona con el amarillo. Belfegor, que personifica la pereza, se vincula con el verde.
Es importante mencionar que las referencias sobre estos colores pueden variar considerablemente. Por ejemplo, Antonio Viscarra atribuye un rostro verde a Satanás, el dorado a la ira, el plateado a la gula y el rojo a la pereza. La máscara de Lucifer, identificado con la soberbia, tiene un fondo negro, que representa "el poder, la elegancia, la formalidad, la muerte y el misterio", mientras que el guindo característico de la ira/Satanás evocaría "energía, vigor, cólera, etc.".
En cuanto a las facciones zoomorfas, de acuerdo con el simbolismo cristiano medieval, se pueden observar en las fotos antiguas Diablos con máscaras que evocan felinos, cerdos y perros. Las máscaras de hace un siglo eran mucho más simples y pequeñas que las actuales, y gradualmente adquirieron formas más ostentosas y fantásticas. Originalmente, se fabricaban de yeso y fieltro, mientras que en la actualidad también se utilizan materiales como cartón prensado o fibra de vidrio, que son más livianos y permiten que los danzarines lleven máscaras más grandes y artísticas, como las diseñadas por Pánfilo Flores. A pesar de estas evoluciones, se han mantenido ciertas características básicas, como los colmillos de felino que se extienden hacia arriba y hacia abajo, los cuernos retorcidos hacia atrás y el hecho de que cubren toda la cabeza, siendo colocados sobre una peluca de crines de caballo.
Las máscaras están decoradas con motivos como dragones asiáticos, inicialmente inspirados en los estampados del té Hornimans, así como animales pertenecientes a la mitología orureña, como las cuatro plagas: sapo, lagarto, serpiente y hormigas. Los lagartos y serpientes están asociados con los ritos de lluvia y fertilidad, mientras que en el catolicismo son símbolos del diablo.
Pañuelos
A diferencia de Lucifer y Satanás, el Diablo no cubre su espalda con una capa, sino que utiliza un conjunto de tres pañuelos grandes que pueden llegar a tener un tamaño de hasta un metro cuadrado. Sin embargo, esta forma de vestir surgió recién en la década de 1940. En 1910, los Diablos usaban una especie de capas cortas bordadas, y en tiempos antiguos solían emplear mantas de cholita para cubrirse la espalda.
Los pañuelos espalderos eran en su mayoría de color entero, en tonos como el rosa o el celeste claro, y ocasionalmente se podían encontrar algunos de "charme", de la mejor calidad, con bordados que representaban al Diablo, la máscara y criaturas como lagartos y serpientes, todos detallados en colores vivos. Algunos pañuelos eran de color negro o rojo y presentaban bordados sobrepuestos y cosidos en los bordes.
Todos los Diablos llevan en la espalda uno o más pañuelos a modo de capa, que a veces pueden llegar a tener un tamaño de hasta un metro cuadrado. Algunos de estos pañuelos estaban estampados a mano, mientras que otros eran hermosamente bordados. En lugar de una capa, los Diablos llevan dos pañuelos de seda de diferentes colores y sobre estos colocan otro pañuelo de terciopelo negro o rojo con flecaduras de hilos de oro y plata. Este último pañuelo está bordado en alto relieve y presenta figuras como dragones exhalando fuego por las fauces o víboras en actitudes impresionantes.
En la época de los mineros y los Mañazos, los Diablos solían bailar con un solo pañuelo de seda en la espalda, y los bordados eran bastante simples. Sin embargo, en la Fraternidad, se tomó la decisión de que en el primer año se bailara con un solo pañuelo, pero este debía estar bellamente bordado. En ese momento, las madres de los miembros de la fraternidad se involucraron en el proceso y ayudaron a sus hijos a comenzar a bordar. En ese período, se utilizaba el hilo Michilla y se bordaba en bastidores personales. Luego, al cabo de cinco años, introdujeron la innovación de bailar con tres pañuelos: uno a la derecha, otro a la izquierda (llamados laterales) y uno en el centro (llamado central), este último con los bordados más elaborados.
El proceso de colocarse los dos pañuelos laterales y el pañuelo central, que se coloca sobre los otros dos, es todo un arte en sí mismo. Hay diversas formas de realizar esta vestimenta. Algunos bailarines se visten directamente en el cuerpo. Comienzan por colocar uno de los laterales, generalmente empiezan por la izquierda y fijan los ganchos. Luego, extienden el brazo y ponen el otro lateral. Después, se coloca el pañuelo central para armarlo en el cuerpo. Otros optan por armarlo en una mesa o en el suelo. Comienzan por colocar el pañuelo central, luego los laterales, asegurándose de que las tres puntas queden juntas y los laterales tengan una distancia adecuada entre ellos. Este proceso también se realiza con ganchos y se sujeta para llevarlo como una capa. Existe otra variante en la que se utiliza una cinta que se cose alrededor del cuello. La cinta se va cosiendo y luego se tira para ajustarla desde atrás, quedando así asegurado el pañuelo. En esta variante, los tres pañuelos no están cosidos juntos, permitiendo mayor flexibilidad al bailar.
Actualmente, se suelen utilizar pañuelos centrales de fondo negro o rojo. Algunos bordadores incluso fabrican pañuelos centrales que llevan solo una franja de tela en los laterales para simular la apariencia de los tres pañuelos, aunque esta simplificación reduce la cantidad de caras bordadas a solo una. Este proceso ha evolucionado con el tiempo por cuestiones de comodidad y moda. Además, se han introducido nuevos materiales, como terciopelo, gamuza e incluso lentejuelas, lo que refleja las tendencias y los gustos de la época.
Es importante destacar que debido a la naturaleza artesanal de la confección de los pañuelos, no existen dos iguales, lo que permite cierta individualidad a los bailarines y agrega un toque único a cada traje de Diablo.
Pechera
La pechera ricamente bordada resalta la imagen marcial de la Diablada, recordando la vestimenta de los soldados romanos que se representaban en las pinturas coloniales. Con el fin de permitir una mayor movilidad al danzarín, la pechera se divide en dos partes que están unidas por un pedazo de tela sobre el cual cae una amplia hilera de perlas. Esta pechera simboliza el escudo del demonio, ya que marca el momento en que comienza la lucha y sale a enfrentarse al Ángel.
Guantes, víbora y tridente
En fotografías antiguas de la década de 1940, se pueden observar Diablos luciendo guantes blancos, aunque en la actualidad predominan los guantes rojos "manguetas" con apliques de dragones blancos. Los Diablos contemporáneos suelen llevar un pañuelo de color en cada mano, en lugar de utilizar la víbora que, hasta hace aproximadamente 15 años, solía enroscarse alrededor de una de sus manos (ya sea la derecha o la izquierda). En ese entonces, no solo se empleaban víboras "de trapo verde y resorte", sino que en 1914, un grupo de Diablos de Caracollo incluso llevaba "un bastón enroscado por una víbora de madera". El uso de la víbora y el tridente se atribuía a Satanás.
Sin embargo, en la actualidad, las víboras ya no son comunes en la indumentaria de los Diablos y han sido reemplazadas por las pañoletas que estos sujetan en sus manos. El uso de la víbora se asociaba a una figura coreográfica particular, el saludo, pero en los últimos años ha caído en desuso.
Faja
La faja, y en particular la cantidad de monedas que se cosen en ella, es sin duda un símbolo de prestigio y poder, tanto económico como físico, para aquellos que danzan como Diablo. Julia Elena Fortún hace referencia a "numerosas monedas perforadas" en su descripción, y en la actualidad, un Diablo "promedio" lleva alrededor de 300 monedas en su cintura. Este aspecto da lugar a una competencia significativa.
El tamaño y la cantidad de monedas en la faja son cruciales, ya que cuanto más ajustada esté, imitando las escamas de un pez, mejor se considera. No obstante, la faja no solo simboliza la riqueza de quien la lleva, sino también la del personaje que representa:
La faja representa el poder, y en ella el Diablo almacena su riqueza, la riqueza que posee el Diablo. Esto se debe a que el Diablo emerge de la mina, y la adoración de los mineros se dirige al Tío. ¿Por qué? Porque el Tío les proporciona vetas de minerales y, por ende, riqueza.
Pollerín
El pollerín del Diablo orureño se distingue por estar compuesto de cinco hojas ricamente bordadas. Según la percepción de muchos bailarines orureños, este conjunto representa la estrella de la mañana y, por extensión, a la Virgen del Socavón. Sin embargo, las aletas del pollerín parecen haber tomado inspiración de nuevo en las pinturas coloniales que representaban a los soldados romanos con faldellines de placas de metal. Es importante señalar que las hojas del pollerín se han reducido considerablemente en tamaño en comparación con las originales, ya que a principios del siglo XX llegaban casi hasta la rodilla del bailarín.
Buzo
A lo largo de los años, el color del buzo se ha convertido en un distintivo para las cinco fraternidades de Oruro. Por ejemplo, los "Mañazos" solían usar buzos rosados hasta la década de los setenta, cuando cambiaron a anaranjado. La fraternidad "Frate" se identifica por el buzo blanco con una raya roja a los lados. La Diablada "Oruro" es conocida como "los Diablos del buzo verde", mientras que la fraternidad "Ferroviaria" opta por el rojo y la "Urus" utiliza buzos azules.
Botas
Las botas de Diablo en blanco con apliques rojos, conocidas en la actualidad, datan de mediados de la década de 1940 y fueron una innovación introducida por la "Fraternidad Artística y Cultural La Diablada". Hasta ese momento, se utilizaban diversos tipos de calzado cubiertos con polainas, botas de minero, botas de estilo militar, botas "chocolateras" o "zapatos claveteados".
Héctor Gutiérrez es reconocido como uno de los primeros en mandar a hacer las botas de Diablo en rojo y blanco. Anteriormente, se usaban las botas "chocolateras" de la Guerra del Chaco, que no tenían la apariencia adecuada. Dado que Gutiérrez disponía de recursos financieros, encargó la fabricación de estas botas a la fábrica Zamora. Para asegurarse de que la silueta del Diablo se ajustara de manera adecuada en las botas, proporcionó sugerencias para su diseño, y esta silueta distintiva ha perdurado en las botas, guantes y muñequeras de los Diablos hasta el día de hoy.
La figura del dragón, que se encuentra en las manguetas y las botas, se atribuye en parte a la influencia del té chino Hornimans, que era popular en la región. Además del dragón, se utilizaron otras figuras decorativas más regionales, como sapos, lagartos y estrellas.
Espuela
Enrique Jiménez, quien fue presidente de la "Fraternidad" en 2012, proporciona diversas explicaciones sobre por qué los Diablos utilizan espuelas:
Algunos explican que el Diablo necesitaba espuelas para azuzar a su yegua. Otros argumentan que la influencia de los militares, quienes usaban espuelas, llevó a la adopción de este accesorio por parte de la Diablada. Las espuelas producen un sonido de cascabeles y tintinean, lo que hace que parezca que el Diablo se está acercando. En ese sentido, se considera que las espuelas son un complemento que representa la capacidad de dominar a la yegua y, por extensión, dominar todo. En los años 1977 y 1978, se les dio otro uso a las espuelas: se utilizaban para abrir paso, como parte de una especie de progresión rítmica al golpearlas. La gente, por temor al sonido de las espuelas, se apartaba y se decía "mete espuela" para indicar que alguien se estaba abriendo paso. Las espuelas en ese momento eran más grandes y generaban un sonido distintivo, lo que llevaba a que la gente se moviera hacia otro lado. Esta práctica se asemejaba al ritmo de un caballo o a la marcha militar.
Históricamente, estas espuelas solían estar hechas de plata y se conocían como "roncaderas". Dependiendo de la ubicación específica dentro del atuendo del Diablo, se colocaban en el pie derecho o izquierdo.
Lucifer y Satanás
Dentro de la Diablada, Lucifer, también conocido como Luzbel, que significa "luz bella", no solo representa el pecado capital de la soberbia y el primer ángel caído del cielo, sino que también es considerado el líder de los Diablos. Se le describe como el "rey del averno", la "luz del abismo" o el "príncipe de las tinieblas". Antiguamente, Lucifer ingresaba solo en la procesión, montando un brioso corcel negro con exquisitos adornos de plata. Vestía una esclavina sobre su capa que cubría sus hombros, un pollerín de tres hojas (actualmente un taparrabos) y una capa de terciopelo rojo ricamente bordada (hoy en día es negra o verde). Hasta la fecha, Lucifer se distingue por llevar una máscara aún más imponente y pesada que la del Diablo común, así como un cetro y una corona dorada.
Coincidiendo con la interpretación de Romero (1995), quien considera a Lucifer y Satanás como deidades del mundo "de adentro" (manqha pacha), donde reinan sobre las riquezas de la tierra, la Diablada Oruro establece que Lucifer encarna esta figura.
Satanás, por otro lado, es visto como el "Capitán y Comandante de las hordas demoníacas" y es un seguidor de Lucifer, tratando de auxiliarlo en el relato enfrentándose al Ángel Miguel. Su corona suele ser plateada, más pequeña y con menos puntas que la de Lucifer, aunque algunos argumentan que Satanás no lleva corona. Antiguamente, se le caracterizaba por usar una capa de color verde, pero en la actualidad ya no existe una diferenciación precisa de colores. Las capas suelen tener un fondo oscuro, generalmente negro, y ambas caras están ricamente bordadas. Ambos personajes usan pelucas blancas, que denotan su avanzada edad. El faldón y el pollerín de dos o tres hojas han desaparecido; en su lugar, llevan un taparrabos igualmente elaborado que hace juego con su pechera. A diferencia del Diablo, que viste un buzo ceñido, el buzo negro de Lucifer y Satanás es más amplio.
El Ángel San Miguel
Bailar y representar el papel del Ángel en la Diablada implica asumir un rol protagónico dentro de la festividad. Un Ángel desempeña múltiples funciones cruciales en la Diablada: guía a la tropa de los Diablos, lidera la tropa de las Diablesas y, como un "enviado celestial que vino en defensa de la Virgen", desafía y derrota a Lucifer, Satanás, los Siete Pecados Capitales y la China Supay en el Relato. Generalmente, el Ángel es un bailarín excepcional, dotado de autoridad y mando en la coreografía, a menudo de imponente estatura.
En cuanto a la indumentaria, todas las descripciones enfatizan la máscara "celestial", que destaca por su belleza inigualable en contraste con la monstruosidad de los Diablos. Hace cuarenta años, Beltrán Heredia mencionó un escudo con reflejos de espejo y una espada curvilínea y reluciente. El Ángel se viste con polainas, alas y casco de lata, jubón y falda de seda blanca o celeste adornados con cristalinos. Completa su atuendo con una larga cabellera femenina que llega hasta la mitad de la espalda, pecheras, alas bordadas con hilos de oro y plata, aderezos de pedrería y perlas, un faldón doble adornado con lentejuelas y mostacilla, botas y guantes blancos. Los pollerines o faldones celestes ya no son comunes, ni están tejidos con pedazos de vidrio o piedras preciosas. Las alas del Ángel actual son de plumas blancas. Sin embargo, se mantiene la imagen de un soldado romano que puede o no llevar un pollerín de numerosas hojas bordadas, junto con su casco romano. Las dos caras de su capa generalmente presentan colores diferentes. Un detalle distintivo son las dos pequeñas alas en su casco, que simbolizan al ave Fénix. El Ángel suele ser un bailarín destacado que generalmente ha interpretado varios otros personajes, como Oso, Diablo o guía de Diablos, antes de asumir este rol emblemático.
Ñaupa Diablos y Ñaupa Chinas
Los Ñaupas, que significa "viejos" en quechua, fueron una creación de Jorge Vargas Luza, un bailarín con 52 años de experiencia en la "Fraternidad Artística y Cultural". Según el simbolismo asociado a este personaje, en la "Frate", las pelucas son de color gris y las caretas presentan cejas, barba y bigote canosos. Recientemente, incluso se han innovado máscaras que reproducen las facciones faciales del propio bailarín que las lleva, añadiendo únicamente los rasgos diabólicos a ese rostro humano.
Otros conjuntos de la Diablada han incorporado este nuevo personaje en sus presentaciones, otorgándole características ligeramente diferentes. Por ejemplo, la Diablada "Auténtica", con el objetivo de evocar al antiguo dios mítico llamado Huari/Wari, creó una figura denominada Warikato en 2001. Además, la Diablada "Urus" desarrolló un estamento de Ñaupas altamente ágiles en su interpretación.
La China Supay hombre
La China Supay es el personaje femenino que acompaña a Lucifer, portando un cetro y luciendo una máscara que, al igual que la del "rey del averno", incluye una corona. Dado que en la creencia cristiana, el Diablo no tiene una pareja femenina, la creación de este personaje se interpreta dentro del marco de la dualidad andina (chacha-warmi).
Hasta los años 1970, este papel solía ser desempeñado por un hombre heterosexual disfrazado de mujer, y con frecuencia, personas destacadas en la sociedad de Oruro asumían este rol. Algunos nombres notables que se recuerdan incluyen a los Sanabria, González, Valverde, Blancourt, Hugo Baldivia, Hugo Saavedra, José Méndez, Luis (Cacho) Mendiola, Marcelino Murillo, Zenón Valdés, Emilio Moya, Juvenal Caballero, Jorge Matienzo y Pancho Sandoval. Este personaje representa la lujuria, es decir, "la tentación de la carne", y durante el Relato, intenta seducir al Ángel Miguel. Su movimiento es brusco pero ágil, y su vestimenta evoca la imagen de una chola orureña de principios del siglo XX.
Es probable que la China Supay, en sus inicios, fuera una derivación de la Awicha/Awila rural, una figura femenina lasciva pero jocosa, también representada por un hombre heterosexual. Este carácter juguetón y cómico se mantuvo, al menos, hasta mediados del siglo XX. Para facilitar este tipo de comportamiento, las Chinas Supay debían ser un número reducido de figuras que se movían libremente entre los danzarines y el público. Con el tiempo, a medida que esta lascivia agresiva y jocosa fue desapareciendo, estas figuras comenzaron a formar filas e incluso pequeños bloques.
En la actualidad, son pocos los hombres que se animan a interpretar este personaje, y la única fraternidad que todavía lo mantiene es "La Auténtica". Debido a que la danza ya no exige este tipo de transformismo y las mujeres participan de manera masiva en la Diablada desde 1968, existe cierto temor a ser estigmatizado como transformista homosexual, lo que dificulta la revitalización de este personaje en las demás fraternidades.
La China Supay mujer
Al superar la exclusión de las mujeres de la Diablada en los años '50, las señoritas, entre las primeras destacaron nombres como Zulma Yugar, Sonia Zubieta y Nancy Bustillos, tomaron el papel de la China Supay y lo transformaron en un personaje elegante, sensual y tentador en el sentido del erotismo occidental. Estas bailarinas utilizan corsés ceñidos y polleritas cortas para lograr este efecto.
En la "Frate", los trajes de las Chinas Supay mujeres no solo están adornados con bordados excepcionales, sino que también son muy variados. Cada bailarina luce un diseño y un color distintos en sus trajes.
La Diablesa
La creación de la Diablesa se atribuye a Jorge Vargas Luza en 1991. Según la explicación de Jorge Vargas, el Diablo, al verse derrotado por el Ángel y con pocos seguidores en su tropa infernal, sale en busca de conquistar a las doncellas para reclutarlas como parte de su corte, formando así parte de su tropa. Estas doncellas son jóvenes que tienen entre 13 y 20 años y pueden participar en este estamento dentro de la Fraternidad.
Según la interpretación de Jorge Vargas, la "Frate" establece un límite de edad para las chicas que deseen unirse a las Diablesas, no admitiendo a aquellas que superen los 20 años, una diferencia que no se observa en otras fraternidades donde la Diablesa ha ganado popularidad, incluso entre mujeres mayores de edad en La Paz.
La China Diabla
La China Diabla es una variante de las Diablesas diseñada para jóvenes a partir de los 20 años, lo que le da un toque de coquetería adicional. Estas bailarinas llevan trajes más cortos y una máscara que solo cubre la mitad de su rostro. Se menciona a un grupo compuesto por Rodríguez, Rodo Ayala y Willy Torrico como los creadores de este personaje.
Cuando se crearon las Diablesas, algunas personas se sintieron excluidas, ya que la edad de estas bailarinas estaba comprendida entre los 14 y 18 años, aunque también había jóvenes de 18 a 20 años que no eran consideradas niñas, sino jóvenes atractivas. Estas jóvenes estaban igualmente emocionadas por participar en ese momento de juventud. Fue entonces cuando surgió la idea de modificar y crear una variante en la máscara para formar un nuevo grupo compacto llamado China Diablas. El estilo de baile de las China Diablas es ágil y sigue el mismo patrón que el de los Diablos.
El Cóndor
Para los habitantes del altiplano, el cóndor es más que simplemente un símbolo de majestuosidad, sabiduría e imponencia; también ocupa un lugar destacado en la identidad patriótica, formando parte del escudo boliviano. En las áreas rurales, se le venera como el Mallku, una figura de autoridad y espíritu protector de las comunidades que habitan en las alturas, así como morada de los Achachilas, espíritus tutelares y ancestrales. Junto con el Oso (y anteriormente el Titi/Puma), representa el aspecto más genuinamente andino de la danza, lo que podría ser una reminiscencia de los numerosos "hombres cóndor" que participan en las danzas autóctonas de esta región. Al igual que su contraparte rural, el personaje del cóndor calza botas para su actuación y despliega las alas del ave disecada (o una réplica confeccionada con plumas de gallina, una adaptación desarrollada por la familia Copana de La Paz) para simular el vuelo en el aire. Su máscara es especialmente llamativa, ya que incluye una víbora, otro símbolo andino que, en este caso, parece conectar el mundo de adentro (manqha pacha) con el mundo de arriba (alax pacha). De hecho, se le considera un "nexo entre el bien y el mal, un mediador entre las huestes infernales y el ángel Miguel".
El Oso
El personaje del Oso tiene sus raíces en la personificación del jukumari, el oso andino, que protagoniza diversas leyendas que resaltan su fuerza, valentía, pero también su naturaleza salvaje y su tendencia a "robar cholitas". En décadas anteriores, el atuendo estaba confeccionado con lana de oveja y la máscara simplemente representaba al animal.
En la década de los '90, la Fraternidad introdujo una innovación al presentar a los Osos en una variedad de colores. El Oso simboliza el personaje que abre paso a la audiencia y les brinda alegría, interactuando con el público durante la danza. Surgieron Osos de color lila, naranja, violeta, rosa y otros, lo que fue impactante en la fraternidad. Además, se mantuvieron los Osos blancos, que eran más corpulentos. Sin embargo, surgió otro personaje, el Jukumari, que era de color café o negro, más parecido al oso jukumari original.
Estos personajes se dividieron en dos categorías: el Oso (blanco) y el Jukumari (marrón oscuro o negro). Su papel se asemeja en cierta medida al del Jukumari en las danzas autóctonas, siendo personajes sueltos que abren espacio y se relacionan con el público.
En el pasado, el Oso solía "robar" a las chicas durante la danza, les esparcía talco en la cabeza y las hacía bailar. Durante el Relato, a menudo servía de asiento a Lucifer mientras observaba el enfrentamiento de los Siete Pecados Capitales con el Ángel.
Algunos Osos incluso realizaban acrobacias, como montar monociclos, como lo hacía la "Ferroviaria". En la danza de la Cueca, el Oso se destacaba por su picardía y tenía la tarea de alegrar al público y hacerlos bailar. En ocasiones, se burlaba amigablemente de las chicas, pero esto se hacía de manera juguetona y sin malicia.
Hoy en día, al menos la mitad de los Osos son interpretados por mujeres que rara vez "molestan" a las chicas. Además de su característica máscara con ojos de foco, colmillos y orejas "diablescas", su atuendo a menudo incluye apliques de arañas en la espalda o el abdomen. Aunque no se conoce el origen exacto de este detalle, dentro de la cosmovisión andina, podría interpretarse como un símbolo de fertilidad.
El Condenado
El Condenado es un personaje antiguo que desapareció hasta los años 1940 y que finalmente fue reintroducido por la Diablada "La Auténtica". Con el objetivo de acercarse lo más posible al personaje histórico, Facundo Escobar, el bailarín que personificó al Condenado, incluso encargó una réplica de una máscara que se encuentra en exhibición en el Museo Antropológico Eduardo López Rivas.
Pero, ¿quién es realmente este Condenado? De acuerdo con las investigaciones de Spedding, hay varias razones por las cuales alguien podría "condenarse": tener compromisos pendientes y fallecer antes de cumplirlos, estar involucrado en incesto o relaciones sexuales con parientes espirituales como compadres y ahijados, tener deudas significativas sin pagar, o especialmente, ocultar grandes cantidades de dinero u otros bienes valiosos y morir sin revelar su ubicación. También se incluyen aquellos que murieron por asesinato o suicidio. Siguiendo el enfoque de José María Arguedas, esta autora destaca que el Condenado representa un principio moral andino: la idea de tener que expiar los pecados en esta vida. Dado que el Condenado ha dejado asuntos sin resolver, no puede encontrar la paz en la muerte. Además, Van den Berg agrega a las personas que han cometido un crimen y aquellos que han vivido con preocupaciones significativas a la definición del Condenado, un personaje que se manifiesta como una sombra humana y que puede causar daño a los vivos, vagando entre los mundos de los vivos y los muertos.
En la Diablada, el Condenado se representa con una capa blanca o negra, y usa una máscara de yeso blanca con un cuchillo atravesado en el cráneo. Su atuendo consiste en un buzo y una polera negra con el diseño de un esqueleto.
Aquino Aramayo (2008) sostiene que tradicionalmente el Condenado estaba acompañado por "dos anu t’ara" (perros cimarrones, en lengua aymara) y el cóndor, además de un personaje desaparecido llamado "anu q’ara".
Coreografías y pasos
Los pasos utilizados por los Diablos durante su recorrido incluyen el paso simple y doble, los bateos, las vueltas simples y dobles, y el "paso de caballo", siendo este último una creación de la "Fraternidad Artística y Cultural".
Durante el Saludo, los Diablos rinden homenaje a Lucifer y Satanás, quienes están "orgullosos de haber tomado posesión de la Tierra". La tercera figura, el Ovillo, simboliza la invasión de los demonios en la tierra y se representa como una especie de espiral en la que las filas de bailarines se enroscan alrededor de Lucifer. Al finalizar este "momento de apogeo del reinado satánico", Lucifer es llevado en hombros y comienza el Relato dialogado con Lucifer declamando: "Yo Luzbel, elegante príncipe de los ángeles rebeldes, ente superior al tiempo y al universo que no son nada para mí".
Concluida la derrota de Lucifer y Satanás por el Arcángel Miguel, se forma la Estrella o Firma del Diablo. Esta figura se compone de una estrella de cinco puntas, que simboliza a la Virgen del Socavón y, por lo tanto, rinde homenaje a esta entidad celestial. Sin embargo, también se interpreta como una "firma de resignación" de las "huestes del mal" que se arrodillan ante el Ángel. El Ángel se coloca en el centro de la formación y exige: "Silencio, espíritus malignos, silencio", antes de convocar a los Siete Pecados Capitales y derrotarlos.
En la "Auténtica", el siguiente elemento coreográfico es la "cadenilla", que es el "primer cuadro encabezado por el Arcángel Miguel" y que demuestra la sumisión de los Diablos. Luego se realizan formaciones de escuadras de cuatro, tres, dos y uno. En la "Frate", la figura que sigue a la Estrella incluye las Aspas, que "representan los vientos, las pestes y todos los males que generan los pecados de la humanidad", y el Tridente, que simboliza el arma del Diablo.
En tiempos anteriores, cuando había menos fraternidades y un número mucho menor de danzarines que participaban en la "entrada de peregrinación", el Relato se representaba en plena calle como parte de esta celebración. Actualmente, ninguna de las fraternidades tiene permiso para escenificar el Relato durante los recorridos de los sábados y domingos, y esta tarea se reserva exclusivamente para el día lunes y para la Diablada más antigua, "La Auténtica". Sin embargo, tanto las complejas figuras coreográficas como el Relato son parte del repertorio que las cinco Diabladas orureñas presentan en eventos especiales y en sus giras al exterior. La representación culmina con la interpretación de la Cueca y la Kacharpaya, que es el final de la presentación y, en este caso, un Huayño conocido como Mecapaqueña.
Música de la Diablada
En lo que respecta a la música, es importante destacar la influencia de la música europea y las bandas militares, cuya presencia gradualmente reemplazó al acompañamiento musical autóctono de la Diablada. De hecho, se ha señalado que una de las melodías utilizadas en la Diablada proviene de una marcha francesa de la época napoleónica, que fue incorporada al repertorio festivo andino a través de la influencia de las bandas militares.
En lo que respecta a la música, existen diferentes enfoques sobre la composición musical de la Diablada. Según Elías Oscar, la música de la Diablada se caracteriza por ser escrita en compases de 2/4, que corresponden a un tiempo de marcha y un ritmo brioso. Algunos músicos prefieren utilizar un compás de 6/8. La ejecución de la música de la Diablada puede ser continua y acompañar la danza en su trascurso.
La composición musical se divide en tres partes distintas. Las dos primeras partes están destinadas a ser interpretadas por instrumentos que producen sonidos agudos, como las trompetas (primera y segunda), el clarinete y ocasionalmente el saxofón. La tercera parte, conocida como "fuerte de bajos", es ejecutada por instrumentos que generan sonidos graves, como los barítonos, bajos, contrabajos, trombones, elicones, entre otros, con el acompañamiento rítmico de los tambores y el elemento esencial de la banda, el bombo.
Es importante mencionar que la Diablada tiene una estructura de tiempos específica y, en cuanto a la música, la Mecapaqueña o Cacharpaya se interpreta el lunes de carnaval como una despedida de la festividad. Por esta razón, las canciones siempre concluyen con la cacharpaya.
Otro aspecto destacado es que las composiciones musicales están dirigidas de manera específica a los conjuntos o fraternidades que interpretan esta danza. Esto significa que la música de la Diablada puede describir claramente la identidad de su grupo y su conexión con las leyendas y la cultura de Oruro.
Hoy en día, las bandas musicales en la Diablada presentan composiciones originales una de las bandas más sobresalientes es la Banda Intercontinental Poopo.
Los grupos folclóricos bolivianos cuentan con un extenso repertorio musical original de la Diablada. La música es una de las muchas razones que demuestran que la Diablada tiene un origen boliviano único y que ningún imitador extranjero ha logrado igualar las composiciones espectaculares.
La danza de la Diablada (Coreografía)
La coreografía de la Diablada puede representarse de diversas maneras para narrar la lucha entre el bien y el mal, personificada a través de los personajes del Ángel y Lucifer. Esta coreografía se ha desarrollado a lo largo del tiempo, incorporando pasos, movimientos y figuras diseñadas tanto para actuaciones en espacios abiertos, como avenidas, calles y plazas, como para presentaciones en teatros o coliseos.
El inicio de la comparsa presenta a Lucifer y Satanás acompañados de varias China Supay u otros personajes diabólicos. A continuación, aparecen los siete pecados capitales: La Soberbia, La Avaricia, La Lujuria, La Ira, La Gula, La Envidia y La Pereza, seguidos por una tropa de diablos. Estos personajes son liderados por el Arcángel San Miguel, quien viste una blusa de seda blanca, una falda corta y porta una espada y un escudo.
La coreografía se compone de tres versiones, inspiradas en el Carnaval de Oruro, y cada una consta de siete movimientos distintos. Estos movimientos y figuras se ejecutan de manera coordinada para representar la historia de la lucha entre el bien y el mal de manera visualmente impactante.
Primera versión
La coreografía de la Diablada se desarrolla en varias etapas y movimientos que narran la lucha entre el bien y el mal de manera visualmente impresionante. Aquí se describe cómo se desarrollan estos movimientos:
- Saludo: La danza comienza con formaciones y saludos a la Virgen. Los personajes se organizan en dos columnas, con los personajes malignos, Satanás, Lucifer y la China Supay, en un lado, y el arcángel Miguel en el otro, con el cóndor en el centro. En esta formación, saludan al resto de los diablos en ambos lados.
- Mudanzas: Los diablos inician sus saludos en grupos de cuatro, saltando y alternando sus pies mientras rebotan.
- Cruces de paso de diablo: Los diablos realizan cruces en forma de S en parejas e individualmente.
- Ovillo: Una columna comienza avanzando en espiral hacia el centro, seguida por la otra columna. Satanás y Lucifer son alzados en los hombros de varios diablos para recitar su arenga o relato.
- Estrella: Esta parte representa la rebelión del resto de los diablos contra el ángel. La figura que forman se asemeja a un pentagrama invertido, similar al sello de Baphomet, también conocido como la firma del diablo. Cuando los diablos se arrodillan, el ángel entra marchando.
- Desvanecimiento de la estrella: Una vez que el ángel dice "Oh espíritus malignos, salid de estos lugares", la estrella se disuelve. El ángel pronuncia un discurso y los diablos que representan a los siete pecados capitales se confiesan ante el ángel. Por ejemplo, cuando el ángel menciona "contra la soberbia", el pecado grita "humildad" y, abatido con la cabeza baja, se retira a su columna. Una vez que los pecados son derrotados, los diablos quedan bajo el control del ángel y la danza de triunfo y alegría se interpreta.
- Escuadras: Esta etapa consiste en formaciones con paso saltado en filas de cuatro, tres, dos y uno en frente del ángel.
Cada uno de estos movimientos y etapas contribuye a la narrativa de la Diablada y representa la lucha entre el bien y el mal en una secuencia visualmente impactante.
Segunda versión
La coreografía de la Diablada se compone de una serie de movimientos y formaciones que representan la lucha entre el bien y el mal. Aquí se detallan estos movimientos:
- Mudanzas: En cada columna, se encuentran dos líderes llamados guías y tras guías. El arcángel San Miguel dirige los movimientos con un silbato. A su señal, los diablos avanzan desde los costados hacia la posición del ángel. Luego, con una segunda señal, los diablos repiten el movimiento pero saltando. En el centro, suele haber un personaje complementario, como el oso o el cóndor.
- Ovillo: Se forma una espiral, y los guías y tras guías levantan a Satanás sobre sus hombros, quien pronuncia su discurso. Posteriormente, la banda toca una marcha lenta, y el ángel entra con paso marcial, sosteniendo una cruz y un espejo para deslumbrar a los diablos, quienes regresan a sus posiciones originales.
- Calle: Se representa la lucha entre Lucifer y el ángel, en la que el ángel prevalece. Luego, Satanás entra para defender a su amigo, pero también es derrotado. Finalmente, la diablesa China Supay, personificando el pecado y la carne, entra en escena y también es vencida. El ángel regresa a su posición original.
- Escuadras: En esta etapa, la China Supay y el ángel se sitúan en lados opuestos, mientras que Lucifer y Satanás están al otro lado. Realizan cambios de posición, y los diablos se saludan en grupos de cuatro y dos.
- Estrella: Se forma la figura de una estrella, y con la señal del silbato, los diablos se arrodillan. La banda interpreta una marcha lenta, y el ángel entra al centro de la estrella, que se disuelve, convocando a los siete pecados capitales. Estos son derrotados y vuelven a sus posiciones originales, luego los guías intercambian lugares.
- Cadena: Los danzarines forman una cadena doble y ejecutan un molinete también doble, tomándose del brazo derecho e izquierdo de los compañeros y regresando a sus posiciones originales.
- Final: Los diablos avanzan hacia el centro en grupos de cuatro, tres, dos y finalmente uno, marcando el final del espectáculo.
Estos movimientos y formaciones narran de manera visualmente impactante la lucha entre el bien y el mal en la Diablada.
Tercera versión
Introducción - El Paseo del Diablo: La danza de los diablos comienza con la columna izquierda en movimiento, seguida de la columna derecha. Los personajes principales, Lucifer y Satanás, a quienes se les otorga el título de "reyes", se ubican detrás, seguidos por el ángel y la China Supay, mientras que la banda musical ocupa el lado derecho, detrás de la columna de diablos. Los reyes rompen la formación, seguidos por los diablos, el cóndor y el oso, quienes permanecen en el centro. Luego, el ángel y la China Supay avanzan, pasando junto a los personajes que se encuentran en el centro, desplazándose hacia un lado.
Saludo: Durante esta parte, los reyes ocupan las esquinas frontales, el ángel y la China Supay están en las esquinas posteriores, y el oso se encuentra en el medio; cada uno ejecuta un gesto de saludo.
Ovillo: Los diablos se desplazan hacia el fondo, después, la columna izquierda avanza, y Lucifer, quien se encuentra en la parte frontal, se encuentra con la columna de diablos en el centro, cerrándose un círculo a su alrededor. En este momento, puede ser alzado para llevar a cabo un diálogo con Satanás o para ser ovacionado.
Estrella: Los diablos forman la figura de una estrella, luego se arrodillan y se levantan nuevamente.
De a cuatro: Los diablos avanzan en grupos de cuatro y luego rompen la formación para regresar a sus columnas respectivas.
De a tres: Realizan el mismo movimiento que en grupos de cuatro, pero ahora en grupos de tres.
De a dos: Repiten el mismo movimiento, pero ahora en parejas.
De a uno: Los diablos avanzan hacia el fondo, por un costado, seguidos por los reyes, el ángel y la China Supay. Luego, avanzan en zigzag, dibujando una serpiente, antes de abandonar el escenario, liderados por los reyes.
Estas diferentes versiones coreográficas fueron creadas e interpretadas por la comparsa Fraternidad Artística y Cultural La Diablada, que, a partir de 1944, se enfocó en uniformar los trajes, las coreografías e instituir el traje de ensayo.


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