La llamerada es una danza boliviana y tiene su origen en la región occidental, este artículo es un extracto del libro "No se baila así no más…" Tomo 2 de Eveline Sigl y documentación de historiadores de la Universidad Mayor de San Andres.
Historia de la Danza de la Llamerada
En la historia de la llamerada, diversos autores ofrecen distintas perspectivas acerca de su origen. Se han propuesto diversas teorías, entre las cuales una sugiere que se gestó en el Norte de Lípez, mientras que otros sostienen que tuvo su génesis en la ciudad de La Paz. No obstante, es un hecho seguro que la llamerada no se originó en el Perú. La esencia de esta danza radica en emular los trayectos y desplazamientos de los llameros, quienes solían llevar consigo cargamentos de alimentos y otras necesidades de una comunidad a otra. De esta manera, la llamerada se inicia con una representación mimética de las llamas.
La llamerada figura como una de las danzas más ancestrales del folclore boliviano. Este baile mimético, que recrea las actividades de los llameros, tiene sus raíces en el periodo prehispánico, específicamente en el Estadio Pre-agrícola. Mucho antes de la introducción de la agricultura, los habitantes de los Andes ya habían domesticado a los camélidos, siendo la llama su principal compañero al proveerles transporte, carne, lana, combustible y otros recursos. Los estudios antropológicos e históricos revelan que la pintura y la danza fueron las formas primigenias de expresión artística en estas antiguas culturas.

Al igual que los llameros plasmaban a sus llamas en pinturas y esculturas en las cuevas de Kala Kala y en las aldeas Wankarani, así como las representaban en la cerámica de Tiwanaku, se infiere que también las incorporaban en sus danzas, cuidándolas y guiándolas. Por ende, desde épocas prehispánicas, los llameros han desempeñado su actividad a lo largo de los señoríos aymaras, el imperio inca, la época colonial, la época republicana, persistiendo hasta la actualidad. La danza que imita a los llameros, es decir, a los arrieros de llamas, es sumamente antigua y, debido al dinamismo cultural y la influencia de las migraciones del campo, ha evolucionado de ser una expresión rural a ser interpretada también en entornos urbanos. En las últimas décadas, mestizos y criollos de las ciudades del occidente de Bolivia también han adoptado esta danza.

La tradición de los llameros se remonta a los tiempos más lejanos de la historia prehispánica en la región de Lípez. Hasta hace poco, numerosas caravanas de llameros partían hacia los valles de Tarija y Chichas con el propósito de intercambiar sal por maíz. De manera similar, otras caravanas se dirigían a los valles del norte argentino y a los oasis de Atacama, actualmente bajo posesión de Chile, e incluso algunas llegaban hasta Tarapacá. Estas caravanas solían emprender sus travesías durante la época seca, comprendida entre mayo y septiembre. Aunque la actividad de los llameros ha disminuido significativamente con el avance de otros medios de transporte, aún persisten caravanas que siguen la ruta tradicional, una travesía que puede extenderse durante meses. A modo de ejemplo, en el siglo XX y en el actual siglo, en Colcha K se llevaban a cabo las célebres caravanas de llameros, transportando sal, sogas trenzadas y talegas de lana de llama, principalmente a cambio de maíz que les abastecía durante todo el año, obtenido en los valles de Tarija y Tupiza.
La comunidad de Colcha K está impregnada de varios rituales, festividades y leyendas que guardan relación con las llamas y el zorro, considerado tanto un enemigo como el dueño de estas. En particular, la danza y la leyenda del "Pujio" narran el surgimiento de miles de llamas desde una fuente de agua debido a la provocación del zorro. En esta región, se sostiene que el zorro es el propietario de las llamas y, por ende, se le concede el derecho de consumir una o dos de ellas. El principal ritual en este sector es el surgimiento de la llama, momento en el que se celebran danzas y festividades.
A partir de lo expuesto, se infiere que la Llamerada es una de las danzas más antiguas en el ámbito andino. Sin embargo, a lo largo del tiempo ha experimentado variaciones, especialmente en su representación urbana. Ha habido modificaciones en su componente mágico y se han introducido cambios fundamentales en la coreografía, vestimenta, participantes y música. A pesar de ello, la esencia de la danza permanece inalterada: representar la conexión entre el hombre andino y los camélidos, en términos generales.
Es crucial reconocer que la llamerada ha experimentado transformaciones a lo largo de los años. La monografía de la Llamerada San Andrés subraya las "dificultades de comparación en la llamerada, principalmente porque, si bien la actividad de los llameros persiste en algunas regiones del país, en otras ha desaparecido por completo debido a los modernos sistemas de transporte".
Durante la investigación llevada a cabo en estos años, se ha verificado la existencia de danzas y cánticos dedicados a la llama en la provincia de Nor Lípez, especialmente en los momentos de surgimiento y partida de los arrieros. Los hallazgos de esta investigación se detallan en un subcapítulo específico. Además, contamos con referencias de la presencia de estos rituales festivos en varias regiones del altiplano, las cuales aspiramos a investigar en un futuro cercano, como es el caso de la provincia de Pacajes. A pesar de las divergencias entre las interpretaciones rurales y las representaciones urbanas que han ido ampliándose con el tiempo en términos de rituales, vestimenta, música y coreografía, todas comparten una esencia común: la apropiación de la identidad del llamero.

En relación con los personajes, es destacable que en la actualidad prevalece la presencia de la tropa de llameros y llameras, a quienes ocasionalmente se les une una pareja que personifica a las autoridades indígenas: una mamala y un tatala, ambos ataviados de negro.
La danza de la Llamerada, como una representación artística de los llameros, está estrechamente vinculada con la habilidad en el manejo de los auquénidos. Las explicaciones históricas nos transportan a épocas en las que las caravanas de llamas, adornadas por los urus, charcas y otros pueblos, destacaban al transportar valiosos presentes hacia el Inca.
Este baile evoca tiempos prehispánicos, donde las hileras de llamas llevaban productos del Altiplano para el intercambio con las comunidades en las cabeceras de valles y en valles pronunciados. La coreografía de la danza captura el momento del recuento de la monada, integrando a los recién nacidos en un ritual organizado en agradecimiento a la Pachamama.
Al recordar a los llameros, viajeros que llevaban productos desde el altiplano a diferentes pisos ecológicos, los bailarines urbanos mestizados del siglo XX construyeron una danza que emula las labores indígenas. Según José Farfán, director de "Fantasía Boliviana", esta danza podría haberse originado en Potosí, posiblemente en Huanuni, según la única fuente escrita hallada en una descripción de 1897 del Carnaval de Pulacayo.
Dado que las caravanas de llamas ya no existen para el trueque, la Llamerada contemporánea simplemente refleja el manejo cotidiano de estos animales. Para la Llamerada San Andrés, esta danza adquiere un carácter mimético al imitar la actividad concreta del hombre andino: la del pastor y arriero de llamas.
Gracias a la liderazgo vitalicio de Fernando Cajías de la Vega, la Llamerada San Andrés de la Universidad Mayor de San Andrés en La Paz se distingue por un perfil único que la separa de otras expresiones similares. Esta agrupación no solo cuenta con un núcleo robusto que participa activamente en diversas actividades culturales, casi asemejándose a un ballet folklórico, sino que también atrae a intelectuales de clase media-alta que no encajan en el estereotipo tradicional de folklóricos. Entre sus miembros se encuentran catedráticos, jóvenes amantes del rock y estudiantes de la Universidad Católica.
Fundada en 1986, esta fraternidad se destaca como una de las pioneras en promover la participación juvenil en el folklore boliviano. En la actualidad, la Llamerada es apreciada por su naturaleza dinámica y "alegre", recreando la imagen de pastorcillos idílicos, aunque esta representación dista de reflejar la experiencia real de los indígenas campesinos. La danza se caracteriza por su simplicidad en los pasos y la ausencia de una alta exigencia económica, lo que la hace accesible y disfrutable para una amplia audiencia.
Lamentablemente, la versión paceña de la Llamerada ha sido objeto de apropiación por parte de nuestros vecinos peruanos, quienes han copiado tanto la vestimenta como la música asociadas a esta expresión cultural. Sin embargo, es crucial destacar que la historia inequívocamente demuestra que la Llamerada tiene sus raíces profundamente arraigadas en la región occidental de Bolivia.
Origen de la indumentaria
La Llamerada ha experimentado notables transformaciones a lo largo del último siglo, tanto en su vestimenta como en su coreografía. Para abordar estos cambios, nos enfocaremos en tres fases distintivas. En la primera fase, la danza refleja una imagen "campesina" autóctona y humilde, donde solo participan hombres representando a los dueños o conductores de llamas. El atuendo de esta etapa consiste en una montera de cuatro puntas de panilla negra, estilo colonial, un ponchito de lana, pantalón o calzón metido dentro de la calceta, una careta tejida de lana que cubre toda la cabeza, una chuspa a un lado del cuerpo y una honda en la mano derecha, simulando arrear a las llamas.
Es interesante destacar que las máscaras de lana tejida, aunque ya no se encuentran en ninguna danza del altiplano boliviano, persisten en las danzas del Sur peruano, vinculadas con lo indígena, como en la danza de los Khapaq Qollas.
En la segunda fase, la Llamerada adquiere un carácter fastuoso, incorporando ponchillos, sombreros de dos picos y pantalones bordados al estilo de los antiguos trajes de la Morenada. El vestuario moderno se caracteriza por un bicornio de panilla o raso muy bordado en oro y plata, una careta de yeso con los labios silbando, un ponchito y pantalón corto también bordados con hilos de oro y plata, pedrería y una honda lujosa en la mano derecha. Las mujeres lucen polleras de variados colores, aguayos multicolores plisados con monedas de plata, mientras que los varones llevan poncho corto y pantalón ajustado bordados con hilos de oro y plata, recamados con piedras de colores, monteras brillantes y flequillos.
Las descripciones históricas mencionan adornos de monedas y platería en las mujeres, con polleras negras exteriores y tres interiores de diferentes colores, bolsas forradas con monedas antiguas y mantas de vicuña sobre el pecho. Durante esta etapa, algunas representaciones incluían la cosida de monedas a un delantal y el uso de polleras de aguayo tejido, acompañadas a veces por una pequeña llama sostenida en la mano izquierda.
En la actual fase III, el esplendor y prestigio de la Llamerada han disminuido, reflejando cambios en el vestuario desde los años 1950. Se ha perdido el lujoso bordado de los ponchillos y tocados, y los ponchillos mismos han desaparecido, siendo reemplazados por aguayos y sogas cruzadas. Aunque las llameras ya no llevan platería, las mujeres aún visten aguayos, aunque en ocasiones reducidos a una telita cruzada. La honda sigue siendo un elemento destacado, pero la máscara "en actitud de silbar" está en declive, ya que los jóvenes evitan bailar con careta. Los tocados cefálicos también han cambiado, y el uso generalizado de monteras de tres puntas se asemeja a las utilizadas por las autoridades femeninas de Jesús de Machaca. A pesar de estas transformaciones, las hondas de dos colores desempeñan un papel crucial en la coreografía actual de la danza, a pesar de haber pasado de ser multicolores en el pasado.


Música de la Danza de la Llamerada
La música de la llamerada, en la actualidad, se ejecuta mediante una banda, aunque en épocas pasadas se valían de sikus, y los hombres, predominantemente, participaban en la danza mientras silbaban alegremente.
La danza de la llamerada se distingue por presentar variaciones significativas en su música. Según la Llamerada San Andrés, se baila al compás de la música que comparte su nombre. Aunque la base es el huayño, al igual que en otras danzas, la llamerada posee características únicas que permiten diferenciar claramente su ritmo de otros semejantes, como el de la Kullawada. Así como la vestimenta tradicional que la fraternidad rescata y recrea, la música también experimenta ajustes y transformaciones.
En los últimos años, la fraternidad ha introducido nuevas composiciones de llameradas, especialmente de autores orureños y paceños. Estas piezas evidencian el renovado aprecio conferido a la llamerada. Destacando entre estas creaciones musicales se encuentra una pieza reinterpretada por el reconocido grupo "Alajpacha", dedicada específicamente a la Llamerada San Andrés. De esta manera, diversas fraternidades presentan la música de la llamerada a través de nuevos repertorios y diversas agrupaciones que mantienen el ritmo fundamental de esta danza.
Coreografía de la danza de la Llamerada
Hasta el día de hoy, la coreografía de la actividad de pastoreo y arreo de llamas se centra en el uso imprescindible de la honda como instrumento de trabajo. La ejecución de la danza implica una serie de "pasos" que involucran el manejo de la honda, imitando tanto el arreo de las llamas como el lanzamiento de piedras. En momentos específicos, se generan sonidos destinados a estimular a las llamas a seguir su camino, replicando incluso el característico chasquido de la honda (q’urawa en aymara, warak’a en quechua). Este elemento coreográfico, actualmente restringido a las danzas autóctonas, era históricamente utilizado para formaciones más elaboradas durante el baile.
Los bailarines entrelazan su danza con el manejo rítmico de las hondas, decoradas con hilos multicolores. En algunas instancias, pasan debajo de ellas como si fuera una horca caudina, en otras forman una X, y también las atan de diversas maneras. Al concluir la danza, circundan un palo vertical que ostenta en su extremo superior una estrella giratoria. Desde este punto, cintas de variados colores se enrollan en el mástil al compás de pasos arrastrados y delicados. La honda y la campanilla del guía, que suele llevar la llama líder de la tropa en su caminata diaria, son elementos omnipresentes en cada cambio de formación.
Adicionalmente, se incorpora el simulacro del hilado a la representación. El estilo de baile implica agitar y hacer sonar las hondas, simulando así el arreo o espantando a las llamas, mientras que las mujeres llevan rueca y lana para simular el proceso de hilado.
En lo que respecta a los personajes, en la actualidad, predominan los llameros y llameras, ocasionalmente liderados por una pareja de Mamala y Tatala vestidos de negro, quienes representan a las autoridades indígenas, el Tatala de antaño guarda una marcada similitud con el Waphuri de la Kullawada.
Las referencias frecuentes al manejo de rueca y lana, así como las menciones habituales de monedas y platería, junto con la antigua semejanza entre Tatala y Waphuri, sugieren que en sus inicios, la Llamerada estaba estrechamente vinculada con la Kullawada. Es plausible considerar que estas dos danzas, en sus primeras etapas, eran una sola manifestación o evolucionaron a partir de un prototipo común.
En la danza de la llamerada, la representación grupal se logra mediante la formación de círculos, semicírculos, parejas y filas compuestas por hombres y mujeres. Mayoritariamente, los hombres se ubican en las filas laterales para proteger a las mujeres en el centro de la formación.

