La problemática de la gestión de residuos en la ciudad de El Alto ha persistido desde sus inicios, y hasta la fecha, ninguno de los alcaldes ha logrado abordar efectivamente este desafío que podría desencadenar en el fracaso de la ciudad.
En El Alto no hay contenedores de basura
Es sorprendente que hasta el día de hoy, la ciudad de El Alto carezca de contenedores de basura distribuidos estratégicamente por cada zona, especialmente considerando que la población ya ha superado el millón de habitantes. La persistencia de la práctica de arrojar basura en las calles se ha vuelto una costumbre.

Resulta llamativo que los únicos contenedores de basura se concentren en lugares específicos como la Ceja y la Ballivian, siendo escasos en otros lugares, los pocos botes de basura se encuentran en parques. Esta carencia de infraestructura básica contribuye a que la población recurra a prácticas inadecuadas, como arrojar bolsas de basura en la vía pública o en casa de un vecino.

La situación se torna más alarmante al considerar que El Alto alberga una de las ferias más grandes de Bolivia, generando volúmenes significativos de residuos. La ausencia de contenedores de basura en esta área crucial intensifica el problema, llevando a que algunos ciudadanos opten por desechar la basura de manera improvisada, emulando comportamientos de un primate.
La educación el talón de Aquiles de El Alto
La situación educativa en El Alto presenta un desafío significativo, ya que una educación deficiente ha moldeado a generaciones que ahora ocupan roles de autoridad en la ciudad. Es crucial reconocer que la problemática de los residuos en El Alto no será resuelta simplemente con un cambio de liderazgo político, ya sea de derecha o izquierda. La verdadera transformación dependerá del compromiso de las generaciones futuras para abordar los problemas fundamentales que aquejan a la ciudad.

Lamentablemente, la realidad política de El Alto a menudo se ve influenciada por consideraciones superficiales en lugar de un análisis profundo de las propuestas y capacidades de los candidatos. La ciudad tiende a votar impulsada por sentimientos más que por consideraciones racionales. Están más al pendiente si el futuro alcalde es blanco o moreno, de pollera o vestido, la afiliación política o incluso la etnia del candidato pueden eclipsar la evaluación objetiva de sus capacidades para abordar las necesidades reales de la comunidad.









